C102-NO ME VOY A INTERPONER.
Kate observaba a Oliver desde el marco de la puerta, su hijo jugaba en la alfombra del salón, concentrado en armar un rompecabezas.
—Le encanta armar cosas —dijo con una sonrisa suave.
Eleonora también lo miraba con atención. Tenía una taza de té entre las manos, pero parecía más interesada en absorber cada gesto de su nieto que en beber.
—Grayson era igual —murmuró con nostalgia—. Tenía una paciencia que me sacaba de quicio. A los seis años, desarmó el control remoto solo para ver cómo funcionaba por dentro.
Kate rió agradecida al escuchar las pequeñas historias del padre de su hijo.
—A Oliver le encantan los dinosaurios y los trenes. Podría pasarse horas hablando de los nombres de cada especie o del modelo de una locomotora.
—Lo sé. Lo he visto en sus ojos; tiene mucho de Grayson.
Kate bajó la mirada y el orgullo en su voz la conmovía, pero también la hacía sentir fuera de lugar, como si no mereciera estar ahí.
—Nació por cesárea —dijo en voz baja—. El cordón umbilical venía enredado y su corazón se desaceleró. Fue el día más aterrador de mi vida; tuvieron que llevar a la incubadora. Estuvo ahí casi dos semanas.
Eleonora asintió con suavidad, mirando a su nieto.
—¿Y cuándo empezaron a notar los síntomas de su enfermedad?
—Fue hace un mes y medio cuando se dio el resultado —respondió Kate—. Pero antes habia visto moretones sin razón, fatiga. Pensamos que era solo debilidad... hasta que los análisis dijeron otra cosa.
Un silencio pesado se formó entre ambas.
—Pero él es fuerte —añadió Kate, intentando sonreír—. Más que yo, incluso. Nunca se queja.
Eleonora le tomó la mano con ternura y Kate se tensó apenas, por instinto.
—Quiero ayudarte con él, quiero estar presente. No solo como madre de Grayson, sino también como abuela, como un apoyo para ti.
Kate tragó saliva y sus ojos comenzaron a humedecerse.
—Kate —continuó Eleonora, apretándole la mano—. No tengo rencor en mi corazón, hacia ti. Tú no tuviste nada que ver con las decisiones de tu padre. Y Grayson… él merece ser feliz y si su felicidad está contigo, yo no me voy a interponer.
Kate soltó un sollozo y se cubrió los labios con la mano y cerró los ojos.
—Gracias —susurró.
Eleonora la abrazó.
—Está bien, querida.
Sin embargo, la puerta se abrió de golpe y Gianna alzó una ceja al ver a su madre abrazada a Kate.
—Vaya, qué escena tan conmovedora.
Ambas mujeres se separaron lentamente.
—¿Qué sigue? ¿Un álbum familiar?
—Gianna —advirtió Eleonora, pero su hija no se inmutó.
—Solo me pregunto cuánto tiempo pasará antes de que todo esto se venga abajo —murmuró, mirando directamente a Kate—. Las mentiras no se sostienen para siempre, ¿no crees?
Kate la sostuvo la mirada con firmeza, aunque por dentro la incomodidad era un nudo en su pecho. Pero Eleonora se levantó y miró a su hija con advertencia.
—No es el momento, Gianna. No es justo lo que haces con Kate.
—Claro que no lo es. Pero tampoco que mi hermano pretenda que yo viva con la hija del asesino de nuestro padre en esta casa, ¿verdad?
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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