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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 119

C119-NECESITO UNA AMIGA.

El hospital estaba en calma esa mañana y Kate caminaba apresurada, con un café en una mano y el expediente de Oliver en la otra, con los últimos resultados.

Todo iba bien, pero su corazón no lograba relajarse.

Al doblar el pasillo que llevaba a la habitación de su hijo, casi chocó de frente con alguien.

Grayson.

Él la sostuvo por los brazos antes de que el café terminara en el suelo.

—Lo siento —dijo, rápido.

Ella se apartó, sin mirarlo demasiado y preguntó solo lo justo.

—¿Cómo pasó la noche Oliver?

Grayson bajó los brazos, tragó saliva y le sostuvo la mirada con cautela.

—Bien. Durmió tranquilo; los médicos están satisfechos con la respuesta al nuevo tratamiento.

Kate asintió en silencio, sin un solo gesto de alivio en el rostro.

—Me alegra. Gracias por quedarte con él.

—Kate, yo…

—No —lo interrumpió ella, bajando la mirada hacia el expediente—. Hablemos solamente de Oliver, ¿de acuerdo?

Grayson cerró los ojos un segundo y asintió lentamente, sin luchar. Y Kate lo rodeó sin decir más y entró en la habitación, y cuando la puerta se cerró, Grayson exhaló fuerte, pasándose las manos por el rostro, frustrado, molesto consigo mismo, con Alejandra, con todo.

Luego se marchó.

Horas más tarde, en su casa, Grayson caminaba por su estudio de un lado a otro mientras sus abogados hablaban por videoconferencia.

—Lo sabíamos, pero no imaginábamos que fuera a usarla tan pronto —dijo uno de ellos—. La cláusula 47 de la sociedad con los San Román. Si te divorcias antes de cumplir los diez años de matrimonio, pierdes todos los derechos sobre la participación en la petrolera y en la minera en Brasil.

Grayson apretó los puños.

—¿Y qué? ¿Tengo que quedarme casado con esa bruja un año más solo para proteger mis activos?

—No solo eso —agregó el otro abogado—. Si presentas la demanda antes de la fecha exacta, podrías enfrentar una demanda por incumplimiento de contrato. Y Alejandra lo sabe, por eso movió la cláusula al fideicomiso familiar la semana pasada.

Grayson lanzó el portapapeles contra el escritorio.

—¡Perr4!

No era solo un juego de poder. Era humillante. Ella estaba usando todo para mantenerlo atado, sabiendo que él no la amaba, sabiendo que cada día que pasaba a su lado era una condena.

En ese momento, se escuchó que la puerta se abría y Eleonora entró, con el rostro desesperado.

—¡Grayson!

Él se giró de inmediato, sorprendido.

—¿Mamá?

—Masón me dijo que mi niño está en el hospital —dijo directamente—. ¡Oliver está estable. ¿Es cierto?!

La voz de Eleonora temblaba un poco y los ojos le brillaban por la preocupación acumulada.

Grayson asintió, más calmado.

—Me gusta para ti, hijo. Dale espacio y luego lucha por ella. Pero primero que todo... se un hombre libre.

Grayson sonrió y la abrazó.

—Gracias, ma. Siempre me apoyas.

Eleonora se encogió de hombros con una sonrisa pícara.

—Bueno… soy tu madre. Aunque… sigo pensando que Kate debería castigarte un poco más, ojala no te lo pongas fácil.

Grayson soltó una risa leve.

—Créeme, no lo está haciendo.

Pero entonces, Eleonora bajó la mirada, pensativa.

—Gianna… se ha ido de casa esta mañana. —soltó.

—¿Qué? ¿Se fue?

Asintió con pesar.

—Sí.

Grayson asintió, aunque por dentro, pensaba que ella no lo haría, que Gianna, a pesar de todo, se quedaría. Pero se fue y eso le dolía porque seguía siendo su hermana.

En el elegante hotel, Alejandra abrió la puerta de su suite sólo para encontrar a Gianna delante de ella. La figura se movió rápidamente y antes de que pudiera reaccionar, la abrazó con firmeza.

—¡Alejandra! —la voz de Gianna sonó quebrada, casi suplicante, y las palabras salieron atropelladas.—Necesito una amiga.

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