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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 120

C120-NO SOY TU AMIGA.

Alejandra miró a Gianna con una expresión de fastidio apenas disimulada; la joven seguía temblando, su rostro arrasado por las lágrimas. Gianna se apartó lentamente, sin poder dejar de llorar y Alejandra no hizo ni un gesto para consolarla. De hecho, se alejó de su abrazo y se limpió el hombro, como si el simple contacto con ella le hubiera dado asco.

—¿Qué quieres de mí ahora? —dijo, con un tono tan frío que hasta el aire pareció enfriarse en la habitación.

Gianna tragó saliva, levantando la vista hacia Alejandra, con la esperanza de que, por alguna razón que no alcanzaba a comprender, esta la recibiría. Pero las palabras que salieron de su boca solo reflejaron desesperación.

—Necesito quedarme aquí, por favor —su voz tembló, mientras su cuerpo seguía sacudido por el llanto. —No tengo a donde ir.

Alejandra la miró, sin mostrar la más mínima empatía.

—¿Quedarte aquí? —repitió—. ¿Y por qué iba a dejar que lo hicieras?

Gianna sollozó de nuevo, sin poder contenerse, y continuó, casi suplicando:

—Discutí con Grayson… y con mamá. Ellos… ellos están tan enojados conmigo por llamarte. Fue mi culpa que tú supieras de Kate, y… y todo se fue al traste, no sé qué hacer, Alejandra. Y… Alex… —las palabras de Gianna se cortaron, el rostro de la chica se arrugó de vergüenza—. Me grabó, Alejandra. ¡Me grabó teniendo sexo…! Y estuvo chantajeando a Grayson.

Las lágrimas volvieron a brotar con más fuerza, y Gianna no pudo evitar preguntarse por qué la vida parecía haberse vuelto en su contra de tal manera. Sin embargo, angustia, no movió ni una fibra en el semblante de Alejandra, y en lugar de ofrecer una palabra de consuelo, simplemente la miró, implacable.

—Vaya, parece que te has metido en un buen lío, ¿eh? —dijo, burlandose—. Pero no es mi problema.

Gianna la miró, desconcertada.

—¿Que?

—¿Qué quieres que haga? —Alejandra levantó una ceja, con sus ojos fríos y calculadores—. ¿Ayudarte a resolver tus problemas con tu novio y con tu vida?

Gianna no pudo evitar estremecerse. Estaba buscando una mano amiga, pero en su lugar solo encontraba una pared de hielo.

—¡Alejandra, por favor! —exclamó, intentando aferrarse a la poca dignidad que le quedaba—. ¿Por qué me estás tratando así? Yo te ayudé… ¡Te ayudé a ti!

Alejandra chasqueó la lengua, dejando escapar una risa fría.

—¿Me ves cara de centro de ayuda? —su tono fue cruel e hiriente—. ¿Acaso piensas que soy tu amiga? Yo... Alejandra San Román… No tengo amigos. Solo uso a las personas para mi beneficio. Y tú... —la miró de arriba a abajo, sin disimular el desprecio—. Eres demasiado pésima y poco original para ser mi amiga.

De repente, dos hombres de seguridad del hotel llegaron y miraron a Alejandra, esperando instrucciones y Alejandra, señaló a Gianna con un gesto despectivo.

—Saquen esto de aquí.

Gianna retrocedió un paso, con el corazón golpeándole las costillas; era humillante e insoportable.

—No hace falta que me toquen, ¡puedo salir sola! —dijo entre dientes, con la cabeza alta, tratando de conservar algo de dignidad.

Antes de darse la vuelta, la miró por última vez.

—Grayson va a hacerte pagar por esto. Por todo.

Alejandra se cruzó de brazos, apoyada contra el marco de la puerta, y ladeó la cabeza, divertida.

—Ya quiero verlo —dijo con una sonrisa desdeñosa, y le cerró la puerta en la cara.

Gianna se quedó del otro lado, sintiendose sucia, traicionada, y llena de una rabia que no supo cómo controlar. Adentro, Alejandra caminó hacia la ventana y sonrió satisfecha, como si el mundo le debiera obediencia.

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