C121-VERGUENZA PÚBLICA.
Esa mañana, Kate bajó del coche y caminó hacia la entrada del bufete. Grayson había solucionado lo del hospital, sí. Pero ella no iba a confiarse, por lo que volvería al trabajo, no queria depender de nadie, mucho menos de él.
Pero el recuerdo de Grayson tomándole la mano, suplicándole que lo perdonara, cruzó su mente de golpe; parpadeó rápido y negó con la cabeza.
No. No iba a pensar en eso y tampoco iba a ceder.
Pero justo cuando iba a abrir la puerta de su oficina, se detuvo en seco. Sus cosas estaban apiladas en cajas.
—¿Pero qué…?
Miró alrededor, confundida, y vio a Eva, su asistente, saliendo de la sala de reuniones.
—Eva —la llamó Kate, con el ceño fruncido—. ¿Qué está pasando? ¿Por qué están mis cosas afuera?
La joven tragó saliva, nerviosa, sin atreverse a mirarla a los ojos.
—El señor White quiere verte… Está en su oficina.
Kate sintió que el mal presentimiento crecía en su pecho como una masa densa, aun así apretó la mandíbula y se dirigió al despacho del jefe.
—¿Quería verme, señor White?
El hombre estaba de espaldas, mirando por la ventana. Al oírla, se giró con lentitud y su rostro era pétreo y la mirada dura.
—Sí, Langley.
—¿Ocurrió algo? —preguntó, con cautela.
White se cruzó de brazos y la señaló el lugar.
—Este es un bufete de prestigio. Aquí trabajamos abogados íntegros. Profesionales que saben mantener su vida privada lejos de los escándalos.
Kate frunció el ceño, sin entender.
—Lo sé, señor. Pero yo siempre he sido profesional, no sé qué…
—¡Tú has arruinado esa reputación! —le espetó, subiendo su voz un tono—. Tus problemas familiares no son mi problema, Langley. Y no voy a dejar que nos hundas en la vergüenza pública.
El corazón de Kate empezó a golpearle en las costillas.
—No entiendo de qué habla —dijo, sintiendo cómo la ansiedad la invadía—. Yo no he hecho nada que...
White no respondió. Sacó el teléfono móvil del bolsillo, deslizó el dedo sobre la pantalla y le mostró un vídeo.
—Kate es una mujer ambiciosa, manipuladora, que no conoce la compasión. No tiene corazón. Su padre clama por verla, pero ella se niega. ¿Qué clase de hija hace eso? Pero, hijita, te perdono por todo…
La cámara hizo un primer plano, Mirabelle lloraba y la presentadora se inclinó para tocarle la mano.
—Usted es muy valiente por hablar. Y por intentar perdonar.
El señor White apagó el teléfono y la miró con desprecio.
—Y para colmo, ahora esto se ha viralizado. ¿Entiendes el daño que esto le hace a esta firma?
Kate no sabía qué decir, ni en sus peores pesadillas pensó que su madre haria algo asi. Ahora la única entrada de dinero que tenía estaba a punto de cerrarse, no podía permitirlo.
—Señor White, déjeme que le explique. Lo que dicen ahí es mentira, no se porque...
—No me interesan tus explicaciones —la cortó —Recoge tus cosas, Langley. Estás despedida. No volverás a pisar este lugar. ¿Está claro?
Ella tragó con el corazón latiendo a toda velocidad.
—Por favor... señor....
—¡Largo Langley!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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