C124-COBRAR VENGANZA.
Al día siguiente, Kate salió del baño ajustándose la blusa dentro de su falda tubo mientras se miraba en el espejo. Aisling la observaba desde la cama, con los brazos cruzados y una ceja en alto.
—¿Estás segura de que puedes confiar en la madre de Grayson? —preguntó mientras Kate se inclinaba para revisar su bolso.
—Sí —respondió sin mirarla—. Eleonora no es como Gianna.
Aisling soltó un bufido leve.
—Se nota que te apegaste a ellos.
Kate detuvo el movimiento de su mano por un segundo, como si la frase la hubiera atravesado. Después volvió a lo suyo, evadiendo la mirada de su amiga.
—No es eso —murmuró, aunque ni ella estaba muy convencida.
—Mira, tienes que decidirte, Kate —dijo Aisling, levantándose—. O lo olvidas o vuelves con él. Pero lo que sea que decidas, ponlo en práctica. Porque esta espera te está matando.
Kate soltó el aire, su garganta se tensó y lentamente, se llevó la mano al vientre, a través de la tela de la falda.
—Estoy embarazada.
Aisling parpadeó una vez y luego se quedó de piedra.
—¿Qué?
—Estoy esperando otro bebé de Grayson.
El silencio se instaló entre las dos antes de que Aisling se llevara una mano a la frente. Luego, comenzó a caminar de un lado al otro, frustrada
—Bien… la cereza del pastel. Esto parece un déjà vu, Kate.
—Lo sé, lo sé —Kate la abrazó, pero Aisling se apartó casi de inmediato.
—No, no lo sabes —dijo ella, señalándola con el dedo—. ¡Tantos anticonceptivos, y tú…!
—¡Estábamos buscando otro bebé! —soltó Kate, con la voz quebrada—. Yo… yo quería eso... quería una familia.
Aisling suspiró, más rendida que enojada.
—Ok, te entiendo. Querías una familia. Ajá. ¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer? ¿Irte a otro país para tenerlo en secreto?
Kate la miró en silencio, luego negó con la cabeza.
—No. Yo… voy a decírselo. Solo que aún no. Quiero estabilizarme primero, pero se lo voy a decir, Aisling. Le diré que estoy esperando un bebé de él.
Su amiga negó lentamente.
—Y yo que pensé que era la complicada.
Más tarde, en el centro de Londres.
Kate descendió del automóvil frente a un moderno edificio de cristal y metal. En el cartel decía Ritter-Klein Biotech Solutions. Una empresa relacionada con la investigación médica y desarrollo de tecnologías clínicas. Entró al amplio y luminoso vestíbulo, donde la recibió una mujer sonriente vestida de gris.
—¿Señorita Langley? Bienvenida. Por favor, acompáñeme.
Kate asintió y la siguió hasta el ascensor. El trayecto hasta el último piso fue silencioso, pero en su pecho todo era un tambor constante.
¿Por qué la llevaban directamente al despacho del presidente?
Al llegar, la secretaria se detuvo ante una gran puerta negra y le sonrió.
—El presidente la está esperando.
Asintió, se alisó la blusa con las manos sudadas y entró, pero en cuanto lo hizo se detuvo en seco.
—¿Tú?
Delante de ella, recostado sobre el escritorio, se encontraba el hombre del hospital, mirándola con la misma sonrisa traviesa en el rostro y esa elegancia que lograba imponer.
Grayson alzó una ceja.
—¿Qué tiene? ¿Veinte años?
—Más o menos —dijo Mason, con tono sarcástico—. Es entrenador de golf, por si te interesa ampliar tus horizontes.
Grayson frunció el ceño, sin humor.
—¿Desde cuándo?
—Eso es lo que estamos averiguando. Pero según mis fuentes, el chico no solo le da clases, también la ayuda a mantenerse flexible, si entiendes a lo que me refiero.
—No quiero imaginarlo.
Mason se rió.
—Al parecer, la madre y la hija tienen una debilidad genética por los entrenadores. Si algún día abres un gimnasio, puedes destruir a toda la familia en un mes.
Grayson soltó el aire y se pasó una mano por la mandíbula. El mal humor seguía, pero la frustración comenzaba a canalizarse en algo más útil.
—¿Qué más?
Mason alzó una ceja, divertido.
—Según mis contactos, tu suegris juega al colágeno. Muy duro. Está gastando como si el Apocalipsis viniera con luz blanca y filtros de I*******m. Tiene facturas elevadas de tiendas de diseñador, clubes, autos alquilados...
—Perfecto. Esto es bueno.
—¿Bueno? Esto es oro puro —replicó Mason.
Grayson lo ignoró y volvió a mirar las fotos; en una, el joven entrenador la besaba en el cuello.
—Vamos a cobrar venganza —dijo en voz baja, casi con calma—. Una por una. Alejandra. Mirabelle. Todos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
Poor translation...