C127-HORAS EXTRAS.
El silencio en el auto era cómodo, pero denso, como si las palabras estuvieran a punto de explotar entre ellos. Kate se removió en su asiento y soltó un suspiro, aún algo alterada por lo ocurrido en el restaurante.
—Lo siento —dijo por fin, con la voz más suave de lo que pretendía—. Por todo eso de hace un rato. No era mi intención meterte en una situación incómoda.
Adler giró levemente el rostro hacia ella mientras el semáforo cambiaba a verde.
—No pasa nada, Kate. Lo entiendo. Después de todo, hay que estar loco para perderte.
Ella lo miró de reojo, sintiendo el calor subirle por las mejillas, asi que desvió la mirada hacia la ventana, carraspeando con torpeza para cambiar de tema.
—¿Cuándo... cuándo crees que podría empezar a trabajar?
Adler no respondió enseguida. En lugar de eso, la observó durante unos segundos, como si evaluara algo más allá de sus palabras.
—¿Es el padre del bebé que esperas?
Kate sintió que el aire se detenía, abrió la boca, luego la cerró, pero finalmente, asintió, casi imperceptiblemente. Adler no pareció sorprendido, solo asintió con la cabeza, manteniendo la mirada en el camino.
—Él no lo sabe, ¿verdad? No tienes que decirle si no quieres —añadió sin darle tiempo a replicar—. Asumo que es un pésimo padre si todavía no estás segura de contarle.
—No... no es eso —empezó Kate, intentando defender a Grayson por reflejo. Pero no terminó la frase. Porque, aunque había razones, ninguna se sentía suficiente.
Adler no insistió, aceleró con suavidad al tomar la siguiente avenida.
—No te preocupes, Kate. Con lo que te voy a pagar, no vas a necesitar a ese hombre, yo me voy a encargar de que tengas todo lo que necesites.
Ella frunció el ceño y giró hacia él.
—No. No tienes que…
—Serás mi empleada y yo soy un buen jefe —le interrumpió él con una sonrisa serena—. Tranquila.
El auto avanzó, y aunque Kate aún tenía muchas preguntas, supo que su mundo estaba a punto de cambiar otra vez.
En el restaurante, Grayson recogió el pedido, pero su mente no estaba ahí. Todavía podía ver la sonrisa de ese tipo, el maldito acento y la forma en que había limpiado la boca de Kate como si la conociera de hace años.
Cerró los ojos y exhaló por la nariz, conteniéndose.
—Mierd4 —masculló, saliendo de la tienda con pasos pesados.
Subió al auto y en su cabeza, la escena volvía en bucle, así que sacó el móvil y escribió el nombre completo que había oído: Adler Klein.
En menos de un segundo, el buscador arrojó resultados. CEO de Ritter-Klein Biotech Solutions. Una de las empresas más grandes de Europa en tecnología médica, especializada en tratamientos avanzados para enfermedades crónicas y desarrollo de terapias génicas. Reconocido en Forbes, inversor en múltiples clínicas privadas, colaborador de fundaciones médicas...
Grayson soltó una risa seca.
—Perfecto. Un jodido santo con millones y laboratorios de medicina.
Volvió a mirar la pantalla. Ese tipo no era como Ethan, Adler era real, poderoso y en su opinión, peligroso.
Se pasó una mano por el rostro, frustrado, y arrancó el motor.
—Bien, Adler... juguemos.
En su primer día. Kate se miró en el espejo del baño del pasillo, acomodó el cuello de su blusa blanca y se pasó los dedos por el cabello. No quería parecer demasiado arreglada, ni demasiado informal. Lo suyo tenía que gritar “profesional”, no “necesito impresionar a mi jefe”. Aunque, siendo sinceros, era difícil ignorar el hecho de que Adler Klein era todo lo opuesto a lo que se esperaba de un CEO.
Era carismático, tranquilo, inteligente… y peligroso, pero no como Grayson. Lo de Adler era otro nivel. El tipo sabía exactamente cuándo mirar, cuándo sonreír, cuándo hablar. Era de esos hombres que convertían el silencio en una provocación.
Sacó su teléfono mientras se dirigía a su escritorio y marcó.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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