C128- UN CLAVO SACA OTRO CLAVO.
Ella se aclaró la garganta, incómoda por la intensidad de sus palabras.
—Yo... te lo agradezco... dame la dirección y estaré allí.
Adler sonrió acercándose.
—No, señorita, Langley. Yo pasaré por ti, además... te hice un regalo.
—¿Un regalo?
No hace falta que me envíes un regalo. Con la oficina ya estoy más que impresionada —intentó bromear.
Adler negó con una leve inclinación de cabeza.
—Quiero enviártelo. Acéptalo, Kate. Quiero que me complazcas, ¿sí?
—Pero...
—Por favor... —insistió el.
Ella lo miró, suspiró y asintió con resignación.
—Está bien. Te paso la dirección por mensaje.
—Perfecto —dijo él, retrocediendo por fin—. Te recogeré a las siete. Vístete para impresionar.
Kate soltó una risa incrédula.
—¿Eso también es una orden?
—No. Es una súplica —replicó Adler, guiñándole un ojo antes de salir del despacho.
Cuando la puerta se cerró, Kate se apoyó contra el escritorio, exhalando lentamente.
—¿Qué demonios acababa de pasar?
***
En la habitación del hospital, el sol de la tarde entraba suavemente por la ventana. Eleonora estaba sentada junto a Oliver, con un libro abierto entre las manos.
—…y entonces, el pequeño dragón decidió no volver a escupir fuego sin avisar —terminó con una sonrisa mientras cerraba el libro con cuidado.
Oliver rió tapándose la boca, como si ese final aún le sorprendiera a pesar de haberlo leido tres veces. Luego se acomodó entre las almohadas y giró la cabeza para mirar a su abuela.
—Abuelita…
Eleonora levantó la vista y le acarició el cabello, suavemente.
—¿Sí, mi amor?
—¿Tú crees que mis papás se van a reconciliar?
La pregunta la tomó por sorpresa.
Parpadeó y bajó el libro a su regazo, observando esos ojos grandes y expectantes, tan parecidos a los de su hijo.
—Ay, corazón… los adultos somos muy complicados, sobre todo en los asuntos del corazón. Pero yo espero que sí —dijo con honestidad—. Y cuando tú seas grande, prométeme que no vas a ser tan terco como tu papá.
Oliver se echó a reír.
—¡Yo no! Yo voy a amar mucho a mi esposa, y siempre le voy a decir que está bonita, incluso cuando esté despeinada y grite como mami.
Eleonora soltó una carcajada y lo abrazó.
—Eres un encanto, lo sabes, ¿no?
Oliver asintió con un gesto exagerado y luego pareció quedarse pensativo. Su ceño se frunció un poco y los ojos brillaron con una chispa traviesa.
—Abuelita…
—¿Qué se te ocurrió ahora?
—Mi cumpleaños es pronto. ¡Ese es el momento perfecto para que se reconcilien!
—¿Y qué hizo tu jefe después?
—Nada, pensé que me despediría, pero en cambio me invitó a una gala —dijo, bajando la voz y clavando la mirada en su copa de agua.
—¿Una gala? —Aisling entrecerró los ojos—. Vaya qué elegante forma de decir “me interesas”.
Kate bufó y se sirvió un poco más de ensalada.
—No seas ridícula.
—No me hagas sacudirte —le advirtió—. Ese hombre quiere conquistarte. Y tú lo sabes. No te hagas la estúpida.
Antes de que Kate pudiera responder, tocaron la puerta. Kate se levantó rápido, agradecida por la interrupción, y al abrir encontró a un mensajero con una sonrisa educada y varios paquetes envueltos en papel negro mate y cintas doradas.
—Entrega para Kate Langley —dijo.
Ella firmó sin preguntar y cuando entró de nuevo al apartamento, cargando las cajas, Aisling silbó con sorna.
—Apuesto a que son de tu jefe.
Kate los dejó sobre el sofá.
—Sí, olvidé decirte que también me envió regalos para la gala.
—Vaya, qué jefe tan considerado. —Aisling se acercó analizando los paquetes— Ya quisiera que el mío me regalara algo más que migrañas.
—Aisling, no empieces.
—¿Qué? Soy realista. Ese hombre está interesado en ti. ¿De qué forma? No lo sé… pero te lo digo como tu amiga: si piensas usar el viejo truco de “un clavo saca otro clavo”, no va a funcionar.
Kate bajó la mirada, incómoda, y su amiga continuó.
—Te conviene darte tu tiempo, y sobre todo —agregó, señalando su vientre—, hablar de ese bebé… con su padre.
Aisling se fue a su cuarto sin añadir nada más y la dejó allí, rodeada de regalos que no había pedido y con un nudo en la garganta que no lograba deshacer. Suspiró y caminó hacia el sofá, acariciando su vientre con suavidad.
—Tu tía tiene razón… —murmuró, bajito—. No podemos seguir así. Tarde o temprano, tengo que hablar con tu padre. No va a ser fácil… pero tú mereces la verdad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
Faltan muchísimos capítulos...
que pasa entre los capitulos 330 y 419?...
Poor translation...