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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 132

C132-AMENAZA DIRECTA.

Después de aquella noche, algo en Grayson cambió. No solo por la tensión con Adler o la incomodidad de lo que había ocurrido, sino por el bebé. Empezó a mostrarse más presente, más interesado, y eso a Kate le sorprendía. La llamaba para preguntarle cómo se sentía, le recordaba que estaría en la primera ecografía, que quería acompañarla sin importar nada. Incluso le dijo que le gustaría que fueran juntos a contárselo a Oliver, para que él lo sintiera como algo especial.

Kate no quería reconocerlo, pero esa actitud le provocaba una felicidad indebida. Sentía calor en el pecho cada vez que él hablaba con ilusión del bebé, como si todo fuera sencillo, como si lo suyo nunca se hubiera roto. Pero la realidad siempre terminaba imponiendose: Grayson seguía siendo, legalmente, el marido de Alejandra.

Y esa sombra arruinaba cualquier atisbo de ilusión.

Esa tarde, en su oficina, Kate guardaba sus cosas apresuradamente. Había prometido ir temprano al hospital para pasar la noche con Oliver; el niño le había dicho que quería verla. Ya tenía el bolso colgado en el hombro cuando sonó el teléfono interno.

—Kate, ¿puedes venir un momento? —la voz grave de Adler retumbó en el auricular.

Ella dudó.

—Adler… puede ser mañana, es que…

—Es sobre el contrato de la multinacional. Hay un cambio de última hora y no puedo enviarlo sin tu revisión —la interrumpió.

Apretó los labios y no respondió durante unos segundos, pero al final cedió. Cinco minutos después estaba frente a él, repasando cláusulas con un bolígrafo en la mano mientras él se inclinaba para dejarle un café a un lado.

El reloj no perdonaba.

Kate lo miró un momento y luego volvió a los papeles. Oliver la estaba esperando y había prometido cuidarlo esa noche.

—¿Puedes darme un momento? —interrumpió.

Adler asintió, pero no apartó la vista de ella mientras se levantaba y tomaba el móvil.

—¿Mami, ya vienes? —la voz de Oliver sonó ilusionada, como si ya esperara el timbre de la puerta.

Kate apretó el teléfono contra la oreja.

—Cielo… se me ha presentado un problema. Mamá no podrá ir, pero… la abuela se quedará contigo, ¿sí?

Del otro lado, Grayson, de pie junto a Oliver, la escuchaba con un gesto frío, mientras Eleonora trataba de sonreírle al niño con comprensión.

—Ah… bueno… Pero... pensé que… querías verme…

—Claro que quiero verte, amor. Mucho. Y esto no volverá a pasar, te lo prometo.

—Está bien… pero no me gusta que me lo digas siempre por teléfono —murmuró, antes de pasarle el aparato a su abuela.

Kate cerró los ojos y sintió un peso en el pecho.

Los días siguientes no fueron distintos. Adler, siempre cortés, empezaba a llenarla de responsabilidades que parecían imprescindibles. Revisar contratos urgentes a última hora, representar a la empresa en reuniones de alto perfil cuando él “no podía” ir, analizar cambios legales en licitaciones que, casualmente, requerían su presencia en la oficina hasta tarde.

Cada tarea, cada encargo, la mantenía cerca de él. Y aunque Kate intentaba convencerse de que era solo trabajo… en el fondo, empezaba a entender que Adler no planeaba dejar que ella tuviera tiempo para otra cosa.

Hasta ese día.

Eran casi las nueve de la noche y el resto del personal se había ido hacía horas. Kate revisaba por tercera vez un documento extenso, marcando anotaciones al margen, consciente de que ya debía estar en casa.

De repente, Adler se apoyó en el marco de la puerta, observándola.

—Tienes una resistencia admirable, ¿lo sabías? —dijo, entrando despacio.

Kate no levantó la vista.

—Solo estoy terminando lo que me pediste.

—No. —Se acercó hasta quedar junto a su escritorio—. Lo que yo te pedí podría haberlo hecho cualquiera. Pero lo haces tú, y lo haces mejor que nadie.

Ella dejó el bolígrafo, esa clase de halagos siempre la ponían incómoda.

—Adler… no puedo seguir quedándome hasta esta hora todos los días. Tengo un hijo que me necesita.

Él asintió, como si lo entendiera, pero no retrocedió.

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