C161-¡CORRE OLIVER!
Oliver abrió los ojos lentamente hasta que la habitación borrosa empezó a tomar forma. Lo primero que vio fue a la mujer del hospital, de pie contra la pared, mirándolo con atención.
—Tía... ¿por qué me trajiste aquí? —preguntó asustado—. Mis papás van a estar preocupados.
Katerina no apartó la mirada.
No lo había hecho desde hace un buen rato. Había algo en ese niño que le apretaba el pecho: tenía el mismo tono de cabello que Kate, la misma sonrisa, esa forma de mirar como si todavía creyera que el mundo era bueno. Y, de repente, un recuerdo que no había buscado volvió con fuerza: las noches en que su hermana, pequeña y asustada por una pesadilla, corría a su cama y la abrazaba hasta que se dormía.
En ese tiempo no competían, no había rencor ni cuentas pendientes. No quería llamarlo amor... sino remordimiento. Pero después de escuchar lo que Alejandra planeaba hacer, sabía que no podía permitirlo.
Oliver se abrazó las rodillas y la miró con tristeza.
—¿Eres como mamá... o como los malos de los cuentos?
Esa pregunta le atravesó como un cuchillo. Y sin darse cuenta, caminó despacio hasta sentarse a su lado. Dudó en tocarlo, pero al final le pasó la mano por el cabello y lo atrajo a sus brazos.
—Escúchame bien, Oliver... no sé qué soy, pero no voy a dejar que te hagan nada, ¿ok?
El niño la miró con un atisbo de esperanza.
—Voy a sacarte de aquí y llevarte con mamá, ¿sí?
Él asintió, aunque sus ojos seguían asustados, y Sienna en la puerta lo había escuchado todo. Pero Katerina lo sintió y giró la cabeza y alcanzó a ver su silueta antes de que se moviera seguramente para llamar a Alejandra.
—Cúbrete los oídos —le susurró a Oliver.
El niño obedeció.
Y ella salió al pasillo y alcanzó a Sienna justo cuando esta marcaba un número en su teléfono. Le agarró el cabello y tiró con fuerza, estampándola contra la pared.
—¿No sabías que a las chismosas les cortan la lengua? —dijo entre dientes.
Sienna soltó un gruñido y trató de apartarse, pero Katerina la mantenía contra la pared.
—Sabía que no eras de fiar —escupió Sienna—. Le dije a Alejandra que era una mala idea meterte en el negocio. Yo pude haberme llevado a Oliver sin problemas.
La rabia encendió a Katerina, la tomó del cuello y apretó.
—Pues no lo hiciste, y ahora te callas.
Sienna forcejeó y le dio un golpe seco en el costado, haciendo que Katerina la soltara un instante. Pero no perdió tiempo y le devolvió el golpe, y Sienna se tambaleó y cayó en la punta de una tubería rota.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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