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CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA romance Capítulo 162

C162-INTERCAMBIO.

Kate sentía las muñecas entumecidas, la cuerda mordía su piel y el dolor en la cabeza por el golpe le nublaba la vista, pero no tenía tiempo para lamentarse. Ethan estaba a unos metros, de espaldas, hablando por teléfono. Reconoció la voz grave y segura de Alejandra a través del altavoz, y eso le encendió una alarma interna.

«¡Esa maldita tenía a su hijo!»

Respiró hondo, obligándose a calmar el temblor de sus manos y la furia en su pecho, y comenzó a mover lentamente las muñecas, girando y tirando en pequeños movimientos repetitivos hasta que sintió cómo uno de los nudos cedía apenas.

No podía hacer ruido, no podía delatarse.

—Sí... la tengo aquí. No, no podrá ir a ninguna parte —decía Ethan, distraído, con la vista en el suelo—. Solo espero tu orden para dejar salir el agua...

Kate aprovechó.

Flexionó los brazos hacia abajo, encorvando el cuerpo para buscar el filo metálico de una bisagra expuesta en la pata de la silla. La cuerda raspó contra el metal.

Una vez.

Otra.

Una vez más.

El corazón le golpeaba el pecho, imaginando que en cualquier segundo él se giraría.

—Entiendo... sí, haré lo que me pediste —añadió Ethan, girándose apenas.

En ese instante, la cuerda cedió.

Y Kate se levantó de un salto, la silla cayó al suelo y, antes de que él pudiera reaccionar, tomó un tubo oxidado y se lanzó contra él. Lo embistió con todas sus fuerzas y el teléfono se estrelló en el suelo con un golpe seco. Ethan cayó hacia atrás, con la cabeza sangrando, pero intentó levantarse. Kate no le dio oportunidad, le asestó otro golpe directo en la sien.

Él quedó tendido, respirando, pero inmóvil, y Kate no dudó, ni se permitió remordimientos.

—Aguanta, bebé... mamá necesita que seas fuerte —susurró para sí misma, una promesa dirigida al hijo que llevaba en su vientre, mientras se lanzaba hacia la puerta.

El aire frío le golpeó el rostro al salir. Estaba malherida, pero no se detuvo. Así que corrió por la calle desierta, sintiendo cómo cada paso quemaba, hasta que vio las luces de un auto acercarse y, sin pensarlo, se plantó en medio de la carretera, agitando los brazos.

El vehículo frenó bruscamente y la conductora, una mujer mayor, bajó la ventanilla con expresión alarmada.

—¡Muchacha! ¡¿Está bien?!

—Por favor... ayúdeme... —jadeó Kate, con la voz rota.

La mujer miró el pómulo hinchado y abrió la puerta sin dudar.

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