C169- NINGUN CONTACTO CON LOS SAN ROMÁN.
Grayson caminaba de un lado al otro del salón, con el ceño fruncido y las manos cerradas en puños.
—¿Estás segura de esto, Kate? —preguntó, deteniéndose frente a ella.
Ella asintió sin titubear.
—Sí. Aunque hizo mal, y me hizo daño… es mi sobrino, Grayson. Siendo madre, no puedo hacer algo así.
Él giró bruscamente y se pasó la mano por el cabello, intentando contener la furia que le hervía en las venas.
—Tu hermana secuestró a mi hijo, Kate. Lo puso en peligro, lo aterrorizó. Y si estuviera despierta, ¡yo mismo me encargaría de que no volviera a ver la luz del sol!
—¡Grayson! —la voz de Eleonora cortó el aire. Se había levantado y lo miraba con firmeza—. No eres Dios para decidir quién merece castigo y quién no. Si esa muchacha hizo mal, solo Dios debe juzgarla.
Grayson apretó la mandíbula, pero no interrumpió.
—Y ya está pagando lo que hizo —añadió su madre, sin apartar la mirada—. Puede que no despierte jamás.
El silencio se hizo pesado y Grayson hizo una mueca, sabiendo que no ganaría contra su esposa y su madre juntas. Finalmente, soltó un suspiro resignado.
—Bien… pero será mejor que no despierte. Porque en cuanto lo haga, la meto en la cárcel.
En ese momento, una sirvienta se asomó con cautela.
—Señor… tiene una visita.
—¿Visita? ¿Quién?
La respuesta llegó cuando un hombre alto, de traje oscuro, cruzó el umbral y Grayson lo reconoció de inmediato.
—Usted…
El recién llegado asintió, algo incómodo.
—¿Podemos hablar?
Grayson hizo un gesto a Kate y Eleonora para que los dejaran solos y caminó hacia su despacho, seguido por el hombre. Cerró la puerta tras ellos y se quedó de pie, observándolo con desconfianza.
—¿Qué quiere? —preguntó, directo y sin rodeos.
El tío de Alejandra respiró hondo, como si no quisiera estar allí, y dejó un portafolios sobre el escritorio.
—Vengo a devolverle los activos de su empresa. Todo lo que Alejandra tomó… ahora te pertenece de nuevo.
—¿Y por qué ahora?
—Porque lamento lo que hizo mi sobrina —respondió el hombre, con un dejo de cansancio—. Alejandra… nunca estuvo bien. Desde niña arrastraba un trauma fuerte. Cuando tenía ocho años, presenció el asesinato de su madre a manos de la delincuencia y creció con ese horror… nunca logró salir de él. Su obsesión con usted fue solo una extensión de ese desequilibrio.
Grayson apretó la mandíbula.
—Lamento lo que le pasó de niña… pero eso no justifica todo lo que hizo. Ella intentó destruir mi vida, puso en riesgo a mi esposa y a mi hijo.
El hombre asintió, aceptando el reproche.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: CONQUISTANDO A MI EXESPOSA SECRETA
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