No solo eso, Águila también había ido, adoptando una actitud de mediadora.
—Señora Bustos, ¡seguro que hay algún malentendido! ¡Hablemos con calma!
Enzo arrugó el entrecejo.
—¿A qué debo su inesperada visita, señora Bustos?
Olaya miró a Celia con hostilidad, mostrando una cara completamente distinta a la amable de la noche anterior.
—¡Pregúntale a tu hija! Anoche estuvo con mi hijo, Paulo, y de la nada, ¡le partió la cabeza! Mi hijo ahora está en el hospital. Si no me dan una explicación, ¡iré a buscar a Ferlín Rojas!
Enzo miró a Celia. Ella permanecía tranquila, en silencio.
—¿Podría haber algún malentendido? —preguntó Enzo, sin creer que su hija actuaría así sin razón.
Olaya mostró una sonrisa con frialdad.
—Sea cual sea el malentendido, ¿acaso ella debería partirle la cabeza a mi hijo?
Enzo guardó silencio. A su lado, Águila sonrió e intervino.
—Enzo, entre los jóvenes a veces hay conflictos y malentendidos. Pero es cierto que Celia lastimó a Paulo. Debería al menos disculparse con la señora Bustos.
—Si mi hija actuó así sin motivo, naturalmente, la haré disculparse con ellos —respondió Enzo.
La expresión de Olaya se ensombreció.
—¿Qué quiere decir con eso, señor Rojas?
—Señora Bustos, como el incidente ya ocurrió, lo investigaremos a fondo. Pero usted misma lo dijo: "sea cual sea el malentendido", eso sugiere que sí hubo una fricción entre los jóvenes. En ese caso, ¿por qué no nos calmamos primero y aclaramos los hechos? Así daremos a ambas partes lo que merecen.
El discurso razonable de Enzo enfureció aún más a Olaya.
—¡El herido es mi hijo, no tu hija!
—No lo sé. —Celia negó con la cabeza, mostrando una expresión inocente y confundida.
Águila y Olaya se sorprendieron por un instante. La última reaccionó de inmediato con violencia, avanzando como para atacarla.
—¡Mientes!
—Señora Bustos, ¡está en mi casa! Deje que mi hija termine de hablar. —Enzo se interpuso sin dudar dos veces frente a Celia.
—Papá, es cierto que no regresé anoche. Creo que algo pasó, pero no lo recuerdo… Solo recuerdo que la señora Bustos me invitó a cenar y que acepté. Cené con ella y con el señor Bustos. En medio de la cena, la señora Bustos se fue, y solo quedamos el señor Bustos y yo.
Hizo una pausa, llevándose la mano a la frente como si intentara recordar.
—Solo recuerdo que, después de comer, me sentí muy mareada…
—¿Paulo te hizo algo? —preguntó Águila, con falsa preocupación, pero ansiosa por escuchar la respuesta.
Las expresiones de Enzo y Ben se ensombrecieron al instante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró
Se nota que es una novela oriental que sinceramente es demasiado machista, la mujer queda como una verdadera esclava medio liberada pero que se arrastra por los protagonistas masculinos, la mala demasiado perversa psicópata sociopata terrible, así siempre son los argumentos de novelas de oriente...
Asco de novela. La protagonista según es doctora y no sabe autodiagnosticarse su síndrome de Estocolmo. Parece que un abusador escribió esta novela....
detesto las historias en donde convierten al abusador en un heroe y martir, y de dejan ver a la mujer como una tonta que lo perdona, eso es inaceptable...
detesto las historias en donde convierten al abusador en un heroe y martir, y de dejan ver a la mujer como una tonta que lo perdona, eso es inaceptable...
Habrá más capítulos? Gracias...
Es el final o continua???...
Nunca en mi vida de lector, habia leido una novela taaaaaaaaaaaaaan LARGA!!!...
Xq tiene final me kede con pena de saber si se casaron el nacimiento del niño 💔...
Me ha gustado esta novela, pero siento que se está extendiendo demasiado, muchos problemas y no se resuelve ninguno. Ojalá no la alarguen más, y todo no se vaya a resolver en el último capítulo, como siempre....
Hay un corte del trama en el capitulo 496 a la 497, porque no sigue la secuencia, de hecho en el libro original hay discrepancias con lo que tiene desde el capitulo 494...