El instinto la llevó a acariciar su cara. La sensación que sintió era completamente distinta a la que recordaba. Esa sutil diferencia fue como una aguja fina, clavándose inesperadamente en la parte más vulnerable de su corazón, provocándole un dolor agudo y punzante. ¿Era esa la razón por la que aún llevaba la máscara frente a ella?
Celia volvió en sí de repente. ¿Acababa de… compadecerse de él? Intentó retirar la mano, pero su muñeca fue atrapada con más fuerza, con una presión innegable.
—¿Te da asco? —preguntó él.
Ella se quedó paralizada un momento antes de responder con exasperación:
—¿A los hombres también les preocupa su cara?
—¿Por qué no les preocuparía? —César tomó su mano suave y jugueteó con ella—. Mi cara es el cartel para atraerte.
Celia puso sus ojos en blanco otra vez… Forcejeó para liberarse de su abrazo y regresó a su asiento, guardando silencio.
***
Al llegar a Colina Serena, Celia bajó del auto y vio a Ben saliendo a recibirla. Sus pasos se detuvieron un instante, pero tuvo que saludarlo.
—¿Ben?
La mirada de Ben pasó por encima de su cabeza y se fijó en el hombre que había bajado la ventanilla trasera.
—Gracias por traerla de vuelta, señor Mendoza.
César sonrió suavemente.
—Es lo que debo hacer.
Ben retiró la mirada y acompañó a Celia hacia el interior de la villa. César observó su figura hasta que desapareció. Entonces, su celular sonó. Lo tomó sin mirar la pantalla.
—Señor Mendoza, Eric Bustos quiere verlo. ¿Lo quiere recibir?
—Que espere —respondió él sin inmutarse.
***
Celia subió las escaleras detrás de Ben. Este se detuvo bruscamente y se volvió hacia ella.
—Tengo la impresión de que ese señor Mendoza… te parece agradable.
Ella se sorprendió, con sus ojos evasivos.
—¿Ah, sí? No lo creo…
Ben guardó silencio unos segundos antes de suspirar, resignado.
Ella sonrió tímidamente e inclinó ligeramente la cabeza. Cuando su mirada se posó en la cara de la mujer, se sorprendió. La mujer se le acercó.
—Eres tú. Nos volvemos a encontrar. ¿Así que tú eres la amiga médica de la que hablaba Lía?
Lía pareció sorprendida.
—¿Aitana? ¿Ya se conocen?
Aitana Reyes sonrió.
—Nos vimos en el avión.
Celia también mostró una sonrisa.
—Tampoco imaginé que sería usted…
—Mi vuelo será a las doce. Son las diez cuarenta. Tengo que estar en el aeropuerto a las once y media —dijo Aitana mientras revisaba su reloj, dándole a Celia una clara señal.
Celia entendió de inmediato, buscando los documentos en su bolso.
—Entonces solo le robaré diez minutos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró
Que historia más laaaaaarga que hasta autora confundía los nombres de los protagonistas mientras la escribía 😄😄😄😄...
Se nota que es una novela oriental que sinceramente es demasiado machista, la mujer queda como una verdadera esclava medio liberada pero que se arrastra por los protagonistas masculinos, la mala demasiado perversa psicópata sociopata terrible, así siempre son los argumentos de novelas de oriente...
Asco de novela. La protagonista según es doctora y no sabe autodiagnosticarse su síndrome de Estocolmo. Parece que un abusador escribió esta novela....
detesto las historias en donde convierten al abusador en un heroe y martir, y de dejan ver a la mujer como una tonta que lo perdona, eso es inaceptable...
detesto las historias en donde convierten al abusador en un heroe y martir, y de dejan ver a la mujer como una tonta que lo perdona, eso es inaceptable...
Habrá más capítulos? Gracias...
Es el final o continua???...
Nunca en mi vida de lector, habia leido una novela taaaaaaaaaaaaaan LARGA!!!...
Xq tiene final me kede con pena de saber si se casaron el nacimiento del niño 💔...
Me ha gustado esta novela, pero siento que se está extendiendo demasiado, muchos problemas y no se resuelve ninguno. Ojalá no la alarguen más, y todo no se vaya a resolver en el último capítulo, como siempre....