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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 523

Mientras tanto, Celia y César habían llegado a un restaurante. Sorprendentemente, él no había reservado todo el local ni un salón privado, sino una mesa para dos en el salón principal. Quizás porque era entre semana, no había muchos clientes.

—Mamá, ¿por qué ese señor lleva máscara? ¿Está haciendo cosplay? —preguntó un niño en la mesa contigua, señalando a César con curiosidad.

Su madre lo reprendió y bajó la voz.

—No hables tan alto. Es grosero.

Celia miró a César, con un destello de picardía en sus ojos. Apoyando la barbilla en la mano, le sonrió al niño.

—Sí, sí. Aunque ya es mayor, le encanta jugar a los disfraces.

—A mi papá también le gusta. Él y mamá siempre juegan…

El niño no pudo terminar, porque su madre le tapó la boca. La mujer les sonrió, avergonzada.

—Este mocoso siempre habla sin pensar. Espero que disfruten de su tiempo de pareja.

Celia parpadeó, sin esperar su última frase, mientras César no podía evitar esbozar una sonrisa.

—Los niños no tienen malas intenciones. No hay problema.

Después de que la madre y el niño se fueron, Celia fingió no haber oído el comentario y continuó con su comida. César la miró unos instantes antes de hablar.

—Ese niño debe tener unos cinco o seis años, ¿cierto?

Ella lo miró, confundida. Él sostuvo su mirada, con una ternura teñida de un dejo de pesar.

—Si hubiéramos tenido hijos antes, probablemente ya tendrían esa edad.

Celia se tensó un poco. Lo miró con asombro antes de desviar la vista.

—Ya trataste al hijo de Sira como si fuera tuyo, ¿no? Técnicamente ya fuiste padre una vez. ¿Aun así no estás satisfecho? —dijo ella en un tono cargado de sarcasmo.

César se quedó sin palabras.

"Mejor no haber tocado ese tema", pensó él.

—Si quieres seguir acompañándome, no me opongo.

Celia puso los ojos en blanco, sin decir nada más. Él la había invitado a cenar, y efectivamente, solo cenaron. Después, la llevó de regreso. Durante el camino, Celia miraba por la ventana, pero vio su reflejo en el cristal. Parecía que, aparte de esa noche, nunca lo había visto sin la máscara. Lástima que esa noche la luz era tenue y no pudo ver su cara con claridad.

—¿Podrías quitarte la máscara? —preguntó Celia, extendiendo la mano hacia él.

César reaccionó con rapidez, tomando su muñeca. Al encontrarse con su mirada, instintivamente desvió la suya.

—Ya me has visto antes.

—Incluso si necesitas ocultar tu identidad ante los demás… aquí no hay nadie más.

El compartimiento de pasajeros estaba separado del asiento del conductor por un divisor, que en ese momento estaba elevado. El chofer no podía oír su conversación.

César guardó silencio. De repente, Celia cruzó su pierna derecha sobre las de él. Él se quedó un instante perplejo, y ella aprovechó para liberar su muñeca y quitarle rápidamente la máscara.

Su brazo la envolvió, atrayéndola hacia él. Afortunadamente, Celia pudo apoyar las manos en el respaldo del asiento frente a ella, evitando caer sobre él. Se quedó inmóvil, sin atreverse a moverse. Entonces, finalmente vio claramente esa cara familiar, pero a la vez extraña. Sus facciones parecían más marcadas y definidas que las de sus recuerdos. Incluso tenía una cicatriz muy tenue en el arco superciliar izquierdo, y se notaban algunos ajustes sutiles en sus rasgos.

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