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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 564

De su bolso, sacó una caja cuadrada exquisita. La caja ya era una artesanía de madera. Luego la extendió hacia Celia.

—Quería guardarla como dote para mi hija, pero lamentablemente no tengo ninguna. Así que te la regalo.

Celia levantó bruscamente la mirada y agitó las manos con rapidez.

—Señora, no puedo aceptarla. Agradezco su gesto, pero es demasiado valiosa.

—¿Sin siquiera verla ya sabes que es valiosa?

—Cualquier regalo que merezca una caja así seguramente es precioso. No puedo aceptar un regalo tan generoso.

—Tómala. —El tono de la señora Juárez tenía un dejo de firmeza que no admitía rechazo—. Sabes que tu madre y yo éramos íntimas amigas. En su momento acordamos que, incluso si nuestros hijos no llegaban a ser pareja, yo, como madrina, le daría un regalo a mi ahijada.

Celia no pudo resistir la insistencia de la señora Juárez. Cuando reaccionó, la caja ya estaba en sus manos.

—No me la devuelvas. —La señora Juárez le sujetó la mano—. Si te la doy, es tuya.

Celia no tuvo más remedio que aceptarla. La señora Juárez, al ver que aceptaba el regalo, finalmente quedó satisfecha.

Después de un rato, Celia acompañó a la señora Juárez hasta la puerta principal. Tras despedirse, la señora Juárez subió a su auto. Observando cómo el vehículo se alejaba, Celia miró la caja de madera exquisita que sostenía en sus manos, no se atrevió a abrirla en ese momento.

Al anochecer, condujo de regreso a Colina Serena. Apenas bajó del auto, recibió un mensaje de César en su celular.

César: [¿Recibiste las rosas de anoche?]

Los dedos de Celia volaron sobre la pantalla táctil.

Celia: [Sí, están en el almacén].

César: [Ya me lo imaginaba].

Celia: [?]

César: [Debería haberlas entregado personalmente].

Celia: [¡Ni siquiera te abriría la puerta!]

—Ya le avisé.

Simón miró a ambos y sonrió levemente.

—Aún no he tenido el gusto de conocer a mi sobrina.

Ben arrugó el entrecejo.

—A ti te gusta viajar y pasar el tiempo fuera de casa. Es normal que no se involucre mucho en los asuntos familiares. —Enzo hizo un gesto con la mano, como si no le importara.

Simón sonrió sin decir nada. En ese momento, Celia entró al salón principal seguida por la empleada doméstica. Lluvia le saludó con la mano, sonriendo.

—¡Celi!

La familiaridad de Lluvia con Celia sorprendió tanto a Enzo como a Flora. Celia le respondió con un gesto de cabeza, y luego su mirada se posó en el hombre sentado a su lado.

La cara de ese hombre era hermosa. Tenía la tez pálida, rasgos finos y elegantes. Especialmente, tenía un par de ojos bonitos de color ámbar. En él, Celia no veía ni el más mínimo rasgo de parecido con Ferlín.

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