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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 626

Después de despedir a Andrés, el mayordomo regresó al estudio para intentar consolar a Ferlín.

—Él parecía sinceramente arrepentido… ¿Por qué no le da una oportunidad?

Ferlín estaba sentado tras el escritorio con los ojos cerrados, descansando. Ni siquiera los abrió para responder.

—Todos pueden arrepentirse, pero tener el sentimiento no es suficiente. También hay que tener la entereza para asumir las consecuencias.

El mayordomo, que llevaba décadas a su servicio, lo comprendió de inmediato. Andrés era corresponsable de la muerte de Águila. Aunque no la hubiera matado con sus propias manos, fue cómplice y testigo silencioso de ese homicidio intencionado. Lo que Ferlín exigía era que su hijo asumiera la responsabilidad.

—¿Cómo va lo de Ben? —preguntó el anciano, cambiando de tema.

—Sigue intentando convencer a… a Simón.

—Se deja llevar por sus sentimientos. —Ferlín arrugó el entrecejo con un suspiro—. Es demasiado compasivo, igual que Enzo. No debe dilatarse más. Pronto los medios se enterarán de lo ocurrido. Será imposible de ocultarlo. —Hizo una pausa y añadió con solemnidad—: Simón mató a mi hija e hirió a mi hijo. Ya no tengo nada que negociar con ella. Prepara todo por mi parte. Pienso terminar con esto en persona.

***

Dos días después, Simón recibió el informe de la prueba de ADN. Cuando el matón le entregó la carpeta, ella ni siquiera tenía el valor de recibirla. Lo hizo dejar la carpeta sobre el escritorio. Después de que el matón se retirara, sus ojos se clavaron en la carpeta azul, dudando si enfrentarse a la realidad.

Al final, la abrió. El resultado era contundente: no existía ningún vínculo de sangre con Ben.

Ella la cerró de golpe y toda su cara se tensó. ¡No era una Rojas! ¡Todo había sido una mentira ridícula…!

Ben apareció en la puerta y miró la mesa.

—Al final, hiciste la prueba.

—¡¿Quién te dejó salir?! —exclamó ella, visiblemente molesta.

—No puedes mantenerme encerrado para siempre.

Simón lo miró fijamente y, de repente, soltó una carcajada amarga.

—Parece que alguien me es infiel. —Hizo una pausa y luego se burló de sí—. Es lógico. Cuando era el estimado señor Rojas, todos me seguían. Ahora que no soy nada, me traicionan sin el menor reparo.

Capítulo 626 1

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