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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 663

Celia aceptó su invitación.

Después de despedirse de Samuel, caminó hacia el estacionamiento acompañada de Lía y Carlos. Frente al auto, se detuvo y se volvió hacia Lía.

—¿Cómo está tu tía ahora?

Lía bajó la cabeza.

—Sigue igual. No hay ninguna mejoría. El doctor dice que es muy probable que no vaya a despertar…

Al ver que Celia guardaba silencio, ella añadió:

—Pero no tienes que preocuparte por lo demás. En realidad, en mi casa nadie te está echando la culpa. No le hagas caso a las tonterías de Macarena. Ahora lo único que quiere es que nuestra familia sea un caos. Ah, por cierto, también tienes que cuidarte de Rocío.

Varios días después de que Lía le dijera ese consejo, Celia terminó encontrándose con Rocío por pura casualidad. Sucedió en el restaurante durante la comida con Samuel.

En la reunión de Samuel, además de ella, estaban dos antiguos colegas del departamento de neurocirugía. Al enterarse de que ella estaba desarrollando un nuevo fármaco para el Alzheimer, todos se mostraron muy interesados y hablaron mucho sobre el tema. A mitad de la comida, Celia salió del privado para ir al baño y fue justo ahí donde se encontró a Rocío.

Cuando sus miradas se cruzaron, la expresión de Rocío se tensó de inmediato y sus ojos destilaron una abierta hostilidad.

—Vaya, creía que en tu vida nunca volverías a poner un pie en la capital.

Celia bajó la mirada y sonrió con un deje de ironía.

—Yo no he hecho nada malo, ¿por qué no podría volver?

Rocío dio un paso adelante para acortar la distancia. Debido al embarazo, en ese preciso instante Celia se sintió sumamente incómoda por el fuerte aroma del perfume de rosas de Rocío, por lo que retrocedió un paso para evadirlo.

—Todo el mundo sabe que una Rojas se iba a comprometer con alguien de la familia Zamora de Starema, no con un Herrera. Incluso si él era César, ¿acaso usó alguna vez su identidad como un Herrera?

—Tú... —Rocío apretó los dientes y forzó una sonrisa—. Ya sabía que eres de lo más ingeniosa con las palabras y no pienso perder el tiempo discutiendo contigo. Ah, por cierto, ya que dices que te divorciaste de mi primo, supongo que no te importará que él tenga a otra mujer, ¿verdad?

Celia levantó la cabeza para mirarla. Al ver la sonrisa que destellaba en sus labios, por un momento no pudo distinguir si lo decía en serio o si se trataba de una mentira.

Y justo en ese instante, una persona conocida salió de uno de los privados. Originalmente iba a buscar a Rocío, pero al ver a la mujer que estaba parada frente a ella, quedó estupefacto al instante.

—¿Celia?

Ella tampoco se esperaba volver a ver a Alfredo.

Rocío se volvió y, al notar la mezcla de sorpresa e ilusión en los ojos de Alfredo mientras miraba a Celia, su cara se ensombreció al instante. Ella no amaba a Alfredo. El matrimonio concertado con él también era solo porque sus padres necesitaban aliarse con ellos. De todas formas, ¡aunque no lo amara, no iba a tolerar que su hombre la pusiera en ridículo frente a otra!

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