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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1217

Las palabras de Fabián resonaban una y otra vez en sus oídos, provocando que un escalofrío helado le recorriera el pecho.

Ella alzó la mirada de forma desafiante y, con un tono cargado de indiferencia, le espetó:

—¿Acaso crees que me moría de ganas por volver?

Los dedos de Fabián se deslizaron lentamente desde su mandíbula hasta apretarle las mejillas con brusquedad. Su voz se volvió áspera y lúgubre mientras declaraba:

—Aunque no te mueras de ganas, te tiene que gustar.

No era una sugerencia; era una orden absoluta, una sentencia que no admitía discusiones.

Tan pronto terminó de hablar, empujó a Belén al interior del auto.

No le importaron las lágrimas que resbalaban por el rostro de ella ni la clara expresión de desconcierto; la arrojó dentro con total rudeza.

Mientras tanto, la multitud que presenciaba la escena no tardó en comenzar a chismear.

—¿Esta mujer es tonta o qué? Volver con un hombre que la maltrata de esa forma, y ella va y lo sigue.

—Quién sabe, seguro el tipo tiene mucho dinero. A fin de cuentas, si solo tienes que quitarte la ropa para resolver tus problemas económicos, ¿quién no lo haría?

—Pues sí, tienes razón. Si fuera yo, también aceptaría; después de todo, el tipo maneja un Maserati.

—Como dicen por ahí, sarna con gusto no pica. Si a ella le gusta que la traten así, ¿qué nos importa a nosotros?

Dentro del auto, Belén alcanzó a escuchar algunos de los crueles comentarios que se filtraban desde afuera. Bajó la mirada, incapaz de evitar que las lágrimas siguieran fluyendo.

Ambos iban sentados en la parte trasera, uno junto al otro. Ella giró el rostro hacia la ventana, y su reflejo bañado en lágrimas quedó plasmado en el cristal.

Fabián volteó a mirarla y notó su expresión de derrota.

Por alguna razón, una extraña e incómoda punzada se instaló en su pecho.

Pero cuando por fin abrió la boca, lo hizo con su habitual tono de reproche:

—¿Por qué estás llorando?

Belén se secó las lágrimas de un manotazo y respondió sin rastro de emoción:

—No estoy llorando por nada.

Ante su actitud fría y distante, Fabián no pudo evitar lanzar una pulla:

—Si fuera Tobías, ¿se lo dirías?

Belén lo cortó de inmediato:

—Ustedes no son iguales.

La respuesta solo logró irritarlo aún más:

—¿En qué no somos iguales?

Belén lo miró fijamente y, con una calma perturbadora, respondió:

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