En la capital del estado vecino.
Fabián acababa de terminar de leer unas publicaciones médicas cuando vio la noticia que los periodistas habían publicado sobre Tobías y su supuesta novia.
En cuanto vio el titular que era tendencia, no pudo evitar hacer clic.
Fabián no era una persona a la que le gustaran los chismes, pero esa noche, por alguna extraña razón, sintió la necesidad de ver esa noticia.
El titular que habían escrito los periodistas era explosivo: «Tobías y su novia en una situación muy íntima en su carro».
Las fotos que lo acompañaban no dejaban ver el rostro de la mujer, pero Fabián tuvo la vaga sensación de que esa espalda y esa ropa le resultaban familiares.
Frunció el ceño, preguntándose si la mujer de la foto sería Belén.
Pero antes de que pudiera pensar más en ello, Frida Arrieta bajó de la planta de arriba.
—Fabián, ¿qué estás viendo? Pareces muy concentrado. —Frida se acercó y se sentó a su lado.
Fabián guardó el celular disimuladamente. Levantó la vista hacia Frida y, con una leve sonrisa, dijo:
—No es nada.
Luego, añadió:
—Por cierto, ¿Cecilia ya se durmió?
Frida asintió.
—Sí, estaba agotada de tanto jugar. La bañé y se quedó dormida en seguida.
—¿Y la señora? ¿También se durmió?
—Sí, todos están dormidos.
Fabián miró a Frida. Tenía un rostro de facciones delicadas, casi angelicales, y una piel tan blanca y traslúcida que, incluso sin maquillaje, era una belleza.
Sin embargo, en los últimos dos días, se veía bastante demacrada.
A Fabián le dolió verla así y no pudo evitar decirle:
—Deberías ir a descansar tú también. Has trabajado mucho estos días.
Apenas terminó de hablar, los ojos de Frida se enrojecieron. Bajó la cabeza y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
—Fabián, gracias.
Verla llorar conmovió a Fabián. Le secó las lágrimas con la mano y le preguntó con voz suave:
—¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?
Frida se apoyó en Fabián, escondiendo el rostro en su pecho mientras murmuraba:
—Siempre apareces cuando te necesito.
Fabián le rodeó los hombros con el brazo y le dio unas palmaditas suaves en la espalda, consolándola con voz tierna.
Pero mientras subía, en un lugar donde Fabián no podía verla, una sonrisa cargada de desdén se dibujó en sus labios.
Cuando Frida se fue, Fabián volvió a mirar la noticia. Por más que la veía, más convencido estaba de que la protagonista era Belén.
Para confirmarlo, le hizo una videollamada.
La llamada entró, pero nadie contestó.
Llamó tres veces seguidas, y las tres veces fue lo mismo.
Al final, decidió llamar a Camila.
—Señor.
—¿Y la señora? ¿Está en casa? —preguntó Fabián.
—La señora se fue en cuanto supo que la señorita Cecilia no estaba en la Mansión Armonía —respondió Camila—. Y no ha vuelto desde entonces.
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea, y luego Fabián solo dijo:
—De acuerdo.
Después de colgar, Fabián se quedó un rato mirando el celular, pensativo.
Antes, Belén era cariñosa, siempre le sonreía y se preocupaba por él.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....