Entrar Via

De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 202

Tobías reaccionó al instante. Tiró de Belén hacia él y la apretó contra su pecho.

Entre ellos estaba la consola central que separaba el asiento del conductor del copiloto.

Cuando Tobías la atrajo hacia sí, el cuerpo de Belén quedó tendido sobre la consola en una postura incómoda.

Para evitar que los periodistas la fotografiaran, Tobías la cubrió por completo con su saco.

La cara de Belén quedó enterrada en el pecho de Tobías, donde podía oler la suave mezcla de tabaco y menta.

La combinación de ambos aromas no era desagradable.

Debajo del saco, Tobías le puso una mano en el trasero. Belén sabía que lo hacía a propósito, pero no se atrevió a quejarse ni a moverse.

Si esa cámara la captaba, se metería en un lío enorme.

Ya conocía el poder de las redes.

Destruir a una persona era muy fácil.

El periodista de afuera no parecía tener intención de irse; seguía apuntando con su cámara a Tobías.

Tobías giró la cabeza hacia el lente, sin mostrar el más mínimo enfado. Al contrario, sonrió y preguntó:

—Vaya que sabes cómo encontrar una exclusiva, ¿eh?

El periodista soltó una risita nerviosa.

—Señor Tobías, ¿le importaría si le tomo una foto a la belleza que lo acompaña?

Tobías siguió sonriendo.

—¿Y a ti te convendría quedarte sin trabajo?

El periodista se quedó pasmado. Antes de que pudiera reaccionar, el rostro de Tobías se endureció de repente.

—Veo que no te conviene, así que no me importaría ayudarte a decidir.

El periodista entendió la amenaza. Agarró su cámara y echó a correr.

Había que conseguir la primicia, pero sin ofender a la gente equivocada. Qué trabajo tan difícil.

Cuando se aseguró de que el periodista se había ido, Tobías le dio una nalgada a Belén.

—¿Qué? ¿Todavía no te cansas de estar así?

Belén apartó el saco y respiró hondo un par de veces, llenándose de aire fresco.

Pero antes de que pudiera tomar más aire, Tobías dijo:

—Arranca el carro, aquí no es seguro.

Estaba frustrada. Miró a Tobías con los ojos llenos de ira.

—Tobías, ¿qué demonios quieres?

Tobías no la miró. Se recostó en el asiento y se cruzó de brazos detrás de la cabeza.

—Cielo, cuando me vuelvo loco, puedo ser mucho peor que Fabián. Supongo que no quieres verme en ese estado, ¿verdad?

Tras decir eso, Tobías abrió los ojos y la miró de reojo, esperando su respuesta.

Ella no contestó, pero por su ceño fruncido, parecía que de verdad le tenía miedo.

Tobías sonrió al verlo. Se enderezó y, al notar que la ropa de Belén estaba tan desordenada que casi dejaba al descubierto algunas partes de su cuerpo, reprimió el calor que lo invadía. Le arregló la ropa y soltó una carcajada descarada.

—Los labios de mi cielo son muy suaves. La próxima vez que nos veamos, seguro que estarán aún más suaves, ¿no crees?

Su provocación fue descarada. Sus labios rozaron la piel de Belén, haciéndole sentir un escalofrío por todo el cuerpo.

Ella tensó el cuerpo, queriendo rechazarlo, pero no se esperó que, justo después de hablar, él se bajara del carro.

Se quedó de pie junto al vehículo, con una sonrisa salvaje y arrogante en el rostro. Le lanzó un beso al aire.

—Cielo, no te olvides de pensar en mí. Y no te olvides de soñar conmigo, ¿eh?

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida