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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 262

Las venas del cuello de Belén se marcaron en su rostro enrojecido por la falta de aire. Sentía los ojos a punto de estallar por la presión.

La sensación de estar al borde de la muerte la envolvió en un instante. Pero ni así estaba dispuesta a revelar dónde estaba Alejandra.

Justo un segundo antes de perder el conocimiento, Belén escuchó que la puerta del carro se abría de nuevo.

Alguien había llegado. Apartó a Ismael de un jalón e incluso lo golpeó.

Unos minutos después, mientras recuperaba la conciencia poco a poco, escuchó un grito que rasgó la noche:

—¡Lárgate!

Reconoció esa voz al instante. Era Tobías.

Ismael debió de haber llevado la peor parte, porque antes de huir, todavía tuvo el descaro de gritar:

—¡Belén, ya me las pagarás!

La voz de Tobías tenía un peso que intimidaba.

—¿Te atreves a tocar a mi mujer? —dijo con un tono bajo y amenazante—. A ver, inténtalo.

No se volvió a escuchar la voz de Ismael, solo el zumbido de un motor alejándose.

Belén se recostó en el asiento. Cuando volteó, vio a Tobías de pie junto a la puerta del copiloto. Mantenía su mano derecha oculta detrás de la espalda, y sus ojos oscuros la miraban fijamente.

Probablemente seguía enojado con ella, porque no dijo ni una sola palabra.

Al verlo en silencio, Belén forzó una sonrisa.

—Gracias.

La mano que Tobías escondía estaba cubierta de sangre. Tenía miedo de que Belén la viera y recordara cosas malas.

Pero al verla sonreír con tanto esfuerzo, no pudo evitar molestarse.

—Belén, si de verdad quieres agradecerme, cumple tu promesa de una buena vez.

Belén lo miró confundida, frunciendo ligeramente el ceño.

—¿Qué?

Tobías se enfadó aún más. Se dio la vuelta con rabia y soltó un bufido.

—¡Averígualo tú!

Dicho esto, se fue sin dudarlo y se subió a su propio carro.

Por el retrovisor, Belén se dio cuenta de que en el asiento del copiloto de Tobías iba sentada una mujer.

Era increíblemente hermosa, con una larga cabellera ondulada que le caía sobre los hombros. Un largo vestido morado se ceñía a su cintura de avispa.

Belén le aseguró que estaba bien.

—¿Por qué no te vienes a vivir a mi casa?

Conociendo a Ismael, quién sabía de qué más sería capaz.

Alejandra lo pensó un momento, pero al final se negó.

—Belén, estoy bien así. Vivo sola, de vez en cuando grabo mis videos, y mi vida es bastante plena.

Alejandra era una *food blogger*. Solo necesitaba grabar recetas en casa, editar los videos y subirlos a internet para ganar dinero.

Era libre, pero Ismael la había mantenido atada durante ocho años.

Belén no insistió, solo le pidió que tuviera mucho cuidado.

Cuando ya casi terminaban de hablar, Alejandra dijo de repente:

—Mañana tengo un evento, acompáñame.

Belén, preocupada por su seguridad, aceptó.

—Claro.

—Entonces nos vemos mañana —dijo Alejandra.

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