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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 272

No siempre le había pasado; fue una secuela del parto.

Aun así, Belén se mantuvo firme en su decisión de estudiar medicina, convencida de que superaría ese obstáculo psicológico.

Y lo había logrado, pero esa noche, sintió de nuevo ese miedo familiar.

Cuando Alejandra la ayudaba a salir del salón de eventos, Belén finalmente no pudo más y se desplomó.

—¡Belén! —gritó Alejandra, desesperada.

En el momento en que caía, Belén no sintió el dolor que esperaba. En su estado de confusión, percibió una figura que se acercaba.

El olor de esa persona le era familiar: una mezcla de tabaco y perfume.

Sintió que la levantaban en brazos y que una mirada intensa la observaba, una mirada tan ardiente que parecía que iba a consumirla.

Luego, sintió que su cuerpo se movía, que la llevaban en brazos.

Al mismo tiempo, una voz llena de emociones complejas resonó en sus oídos.

Había resentimiento, culpa, compasión, ternura…

—¿Por qué siempre terminas tan mal cuando estás con él? Apenas me fui una hora y ya estás así de herida. Si te hubieras casado conmigo, jamás te habría puesto en peligro…

***

Cuando Belén volvió a abrir los ojos, el olor a desinfectante, fuerte y penetrante, invadió sus fosas nasales.

Un dolor agudo en el brazo le hizo fruncir el ceño.

Los recuerdos de lo que había pasado antes de desmayarse volvieron a su mente.

Alejandra estaba sentada junto a la cama. Al ver a Belén despierta, le preguntó con alegría:

—Belén, ¿ya despertaste?

Belén movió los labios y respondió con voz ronca y débil:

—Sí.

Alejandra le tomó la mano y, entre sollozos, le dijo:

—¿Sabes el susto que me diste?

Belén le acarició el dorso de la mano con el pulgar.

—Estoy bien.

—Ese desgraciado. De verdad que no le importa si vives o mueres. Te mordieron de esa manera y a él solo le importaba Cecilia.

Belén curvó los labios en una sonrisa triste.

—Él siempre ha sido así —dijo en voz baja.

Alejandra estaba furiosa, pero se contuvo por no preocupar más a Belén.

Después de comer la manzana, llegaron Dolores y Leandro al hospital.

Cuando Belén se desmayó, uno de sus hermanos de la familia Soler había llamado y Alejandra les contó todo. Ellos dijeron que irían a verla.

Ya le habían puesto la inyección y el antídoto, así que no necesitaba quedarse hospitalizada. Dolores dijo que ya era hora de irse.

Belén, preocupada por Alejandra, le pidió a su hermano que la llevara primero.

Después de dejar a Alejandra, la familia regresó a la mansión Soler.

Llegaron a la mansión de madrugada.

Cuando Belén entró a su habitación, notó que las sábanas, que había dejado perfectamente lisas por la mañana, ahora estaban revueltas.

Se sentó y tocó la cama; todavía estaba tibia.

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