Entrar Via

De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 301

Tobías Galindo estaba recargado en el ventanal, con el saco a medio abrir, pero la camisa estaba tan desarreglada que se le marcaban los músculos.

Tenía las piernas estiradas en el suelo.

Cuando miraba a Belén Soler, sus ojos estaban llenos de reproche. Le reclamó en voz alta:

—¿Por qué me mentiste?

Belén frunció el ceño.

—Tobías, no entiendo de qué hablas.

Tobías estaba algo borracho; no se sabía si estaba consciente o desorientado.

Al escuchar las palabras de Belén, se dio una bofetada.

—Soy un pendejo, de verdad. Tantas mujeres que hay, y a mí solo se me ocurre pensar en ti.

Mientras hablaba, parecía que hasta se le salían las lágrimas.

Al verlo así, Belén sintió un nudo en el estómago.

Extendió la mano, le tomó el brazo y le dijo:

—Tobías, estás borracho.

Cuando Tobías vio que ella le tendía la mano, sus pupilas se oscurecieron. La tomó de la muñeca y la atrajo hacia su pecho.

La abrazó con fuerza.

El cuello de Belén quedó presionado contra el hombro de Tobías. La sujetaba con tanta, tanta fuerza que podía sentir la enorme presión que ejercía.

Tobías apoyó la barbilla en el hueco del hombro de Belén y dijo con voz ronca:

—Belén, no estoy borracho.

Belén intentó apartarlo, pero él, pensando que quería escapar de su abrazo, la apretó aún más.

La fuerza que usaba Tobías parecía suficiente para hacerla pedazos.

Una vez más, habló con resentimiento:

—Belén, me prometiste que te acostarías conmigo, me lo debes, pero ni siquiera has cumplido y ya volviste con Fabián Rojas. Me dan ganas de pegarte, pero no me atrevo.

Al llegar a este punto, su voz se quebró.

—Belén, ¿sabes qué? No me atrevo a pegarte, y menos a que te pase algo malo. Soy tan bueno contigo, ¿por qué no me quieres a mí?

Las palabras de Tobías hicieron que a Belén se le escaparan las lágrimas sin motivo aparente.

Él, un hombre tan orgulloso, pero borracho y abrazándola, era capaz de decir algo tan humillante.

Un hombre que lo tiene todo, con dinero y atractivo, ¿qué mujer no querría?

Y, sin embargo, justo frente a ella, le decía esas cosas.

Belén se quedó en silencio. No sabía si lo que decía Tobías era verdad o mentira.

No había una gran historia entre ellos, y no creía que su encanto fuera tan grande como para seducirlo con tanta facilidad.

No supo qué decir, pero dejó de intentar apartarlo. En cambio, le dio unas suaves palmaditas en la espalda para calmarlo.

—Tobías, deja de decir cosas sin sentido.

Tobías la soltó. No dijo nada, solo giró la cara hacia un lado.

Sí estaba borracho, pero no tanto.

Hundió la cara en la almohada y el aroma de ella le llenó las fosas nasales.

Olía tan bien, era adictivo.

Esta cama era tan suave que Tobías no quería irse.

Abrazó la cobija y sintió una extraña punzada de tristeza.

Un hombretón como él, de casi un metro noventa, llorando delante de una mujer.

Se sentía avergonzado, pero no podía controlarse.

Belén, al oler el alcohol en él, dijo:

—Te voy a traer una toalla húmeda para que te limpies un poco.

Tobías se negó rotundamente.

—No me voy a limpiar nada.

Así de malvado era. Sentía que la cobija de ella olía demasiado bien, estaba demasiado limpia, y él quería impregnarla con su propio olor.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida