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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 345

Cuando Belén sintió sus pies firmes en el suelo, una oleada de seguridad la invadió.

Se secó las lágrimas y miró a Tobías, negando con la cabeza.

—No es nada, solo me asusté un poco.

Tobías no parecía convencido y siguió insistiendo.

—¿Segura?

—Sí, segura —afirmó Belén.

Al verla tan seria, Tobías se aventuró a preguntar:

—¿Otra vez pensando en Fabián?

Belén le lanzó una mirada de fastidio.

—¿Por qué iba a pensar en él?

La intensidad de su reacción le indicó a Tobías que, precisamente por importarle, reaccionaba así.

Pero, ¿y qué? No iba a darle más vueltas.

De camino a la Calle del Adoquín, ya era de madrugada.

A pesar de la hora, la calle bullía de gente. A ambos lados, los puestos ambulantes vendían todo tipo de artesanías.

Había figuras hechas a mano, dijes, pulseras, sombrillas artesanales, antojitos…

La Calle del Adoquín de noche tenía un encanto especial, más que de día. Estaba llena de vida, con un ambiente vibrante.

Cuando Belén y Tobías pasaron junto a un puesto de figuras, el vendedor los llamó:

—Joven, ¿no le compra una figurita a su esposa?

Al oír la palabra «esposa», Tobías sintió un cosquilleo por dentro. Una sonrisa se extendió por su rostro al instante. Se detuvo frente al puesto y le preguntó a Belén:

—¿Te gusta algo? Escoge lo que quieras, yo te lo regalo.

Belén se giró para mirar. Eran todas figuritas hechas a mano. Miró aquí y allá, hasta que sus ojos se posaron en una pequeña noria de agua.

El vendedor, al verla interesada en la noria, la tomó y dijo:

—Señora, qué buen ojo tiene. Esta es la pieza más cara de todo el puesto.

Al oírlo, Belén dudó.

Tobías, adivinando sus pensamientos, le dijo al vendedor sin dudarlo:

—Envuélvala, me la llevo.

Era raro ver que a Belén le gustara algo, así que estaba decidido a comprárselo.

—Tobías, no, déjalo, no la compres —intentó detenerlo ella.

—No me agradezcas solo de palabra. Si de verdad quieres agradecerme, tendrás que demostrarlo con hechos, ¿no crees?

Aunque sabía que sus palabras tenían doble intención, Belén se lo tomó en serio.

—¿Qué tipo de hechos?

Al verla tan seria, las palabras que estaba a punto de soltar se le quedaron atoradas en la garganta.

Quería decirle que se quedara con él, pero sintió que sería una falta de respeto, y más en ese momento, que ella estaba siendo tan sincera y él solo bromeaba.

Así que al final, dijo:

—Entonces, acompáñame a soltar una lámpara de loto.

Belén había imaginado lo que Tobías podría decir, pero no esperaba eso.

Se quedó sorprendida. Aunque no entendía qué estaba pensando, aceptó su propuesta.

—De acuerdo.

Tobías la tomó del brazo y la guio hacia adelante.

Atravesaron la multitud y llegaron a la orilla de un río. Debajo de un cobertizo, había un pequeño puesto que vendía papel, plumas y todo tipo de lámparas de flores.

Frente al puesto, un letrero decía: «Escribe tu deseo, suelta tu lámpara de flor, y los espíritus te ayudarán a cumplirlo».

***

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