Belén no se anduvo con rodeos.
—No, no estoy.
A Fabián pareció no importarle su respuesta. En cambio, dijo en tono de prueba:
—Cecilia se despertó llorando a mitad de la noche. ¿Podrías volver para calmarla?
Belén casi se ríe.
—¿Así que me llamas a estas horas solo para decirme eso?
—Eres su madre, después de todo. ¿A quién más se lo voy a decir? —replicó él.
—¿Y tú? —contraatacó Belén—. Eres su padre. ¿Por qué no vas tú a calmarla?
Fabián no dio explicaciones.
—Belén, estoy ocupado. Si no lo estuviera, ¿crees que te estaría llamando?
—¿Y Frida? —insistió Belén, con sarcasmo—. ¿No es que Cecilia adora a su “señorita Frida”?
Hubo una pausa al otro lado de la línea.
—Ella también está ocupada —dijo Fabián finalmente.
—Ah, claro. Ambos están ocupados. ¿Ocupados en qué? ¡Seguro revolcándose y sudando en la cama!
Belén estalló, gritándole al teléfono.
Tras desahogarse, colgó con un golpe seco.
Con el teléfono ya en silencio, sintió cómo su cuerpo temblaba. Alejandra, que había visto toda la escena, la miró con una mezcla de dolor y compasión.
Se acercó y la abrazó.
—No te enojes así por él. No vale la pena —le dijo con preocupación.
—Lo sé —asintió Belén.
Eran las tres de la mañana cuando por fin se acostaron.
Alejandra se durmió casi al instante, pero Belén, sin poder conciliar el sueño, volvió a tomar su celular.
Abrió WhatsApp y, mientras revisaba sus conversaciones, entró por accidente al chat con Tobías.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....