Cecilia nunca había visto a Helena así. Estaba aterrada.
—Abuela Helena, me duele —dijo con voz temblorosa.
El llanto de la niña solo logró irritar más a Helena. Le dio otros dos pellizcos con fuerza antes de amenazarla:
—Si te atreves a decir una sola palabra de esto, haré que la señorita Frida ya no te quiera.
Cecilia intentó contener los sollozos, pero las lágrimas caían como perlas de un collar roto. La sola idea de que Frida la rechazara la llenaba de pánico.
—No lo haré, Cecilia no dirá nada —prometió entre lágrimas.
Mientras tanto, Frida estaba de pie en una de las recámaras de la planta baja. Con la oreja pegada al marco de la puerta, escuchaba el llanto de Cecilia. Cuanto más fuerte lloraba la niña, más satisfecha se sentía. Incluso tuvo que reprimir el impulso de salir y darle un par de bofetadas. Pero, por el bien de sus planes a largo plazo, no podía permitir que Cecilia viera su verdadero rostro. Aún no.
…
En la Mansión Armonía.
Belén llevaba un rato acostada. Justo cuando empezaba a quedarse dormida, sintió un cuerpecito meterse bajo las sábanas. Se dio la vuelta y, al tocar una piel cálida, se llevó un susto de muerte. El sueño se le fue por completo.
Se echó hacia atrás, alarmada.
—¿Quién eres? —preguntó, alerta.
En la penumbra, la voz apagada de Cecilia respondió:
—Mamá, soy yo.
Al oírla, Belén relajó el cuerpo tenso. Pero al recordar la actitud de Cecilia, su rostro se endureció.
—Tu cuarto está al lado.
Cecilia se acurrucó más cerca de ella.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....