Belén, que ya se dirigía hacia la puerta, se detuvo. No pudo contenerse. Se dio la vuelta y lo miró con frialdad.
—Que tú digas eso demuestra que no eres mucho mejor.
A Cristian nunca le había caído bien Belén. Al escuchar su respuesta, se enfureció.
—¡Repite lo que dijiste!
—Lo puedo repetir diez veces y seguirá siendo lo mismo —replicó Belén con una sonrisa gélida—. El que es un bueno para nada aquí eres tú.
Cristian no pudo más. Arrojó el celular y se abalanzó sobre ella.
—¡Te estás buscando que te parta la cara!
Se acercó y levantó la mano para golpearla, pero antes de que pudiera bajarla, una voz grave resonó desde el piso de arriba.
—¡Cristian, detente!
Era la voz de Fabián. Al escuchar a su hermano mayor, Cristian sintió un escalofrío y bajó la mano de inmediato.
Fabián, vestido con una pijama gris claro, bajó las escaleras paso a paso. Cada escalón era como un martillazo en el pecho de Cristian.
Cuando Fabián estuvo frente a él, Cristian murmuró:
—Hermano…
Bajó la cabeza como un niño regañado, con la voz ronca y perdida. Pero Fabián no tuvo piedad. Le dio una patada certera en la corva. La fuerza fue tal que Cristian casi pierde el equilibrio.
Cuando logró estabilizarse, Fabián le preguntó:
—¿Así es como le hablas a tu cuñada?
Cristian, con la cabeza gacha, protestó:
—No es eso… Es que ella ha cambiado. Ya no cocina, no limpia, así que no me aguanté y quise ponerla en su lugar.
—¿Y desde cuándo te crees tú con derecho a ponerla en su lugar? —preguntó Fabián en voz baja y amenazante.
Cristian no dijo nada.
—¿Acaso tu cuñada es la sirvienta de la familia Rojas? —continuó Fabián.
Cristian negó con la cabeza.
—No.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....