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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 425

Belén, que ya se dirigía hacia la puerta, se detuvo. No pudo contenerse. Se dio la vuelta y lo miró con frialdad.

—Que tú digas eso demuestra que no eres mucho mejor.

A Cristian nunca le había caído bien Belén. Al escuchar su respuesta, se enfureció.

—¡Repite lo que dijiste!

—Lo puedo repetir diez veces y seguirá siendo lo mismo —replicó Belén con una sonrisa gélida—. El que es un bueno para nada aquí eres tú.

Cristian no pudo más. Arrojó el celular y se abalanzó sobre ella.

—¡Te estás buscando que te parta la cara!

Se acercó y levantó la mano para golpearla, pero antes de que pudiera bajarla, una voz grave resonó desde el piso de arriba.

—¡Cristian, detente!

Era la voz de Fabián. Al escuchar a su hermano mayor, Cristian sintió un escalofrío y bajó la mano de inmediato.

Fabián, vestido con una pijama gris claro, bajó las escaleras paso a paso. Cada escalón era como un martillazo en el pecho de Cristian.

Cuando Fabián estuvo frente a él, Cristian murmuró:

—Hermano…

Bajó la cabeza como un niño regañado, con la voz ronca y perdida. Pero Fabián no tuvo piedad. Le dio una patada certera en la corva. La fuerza fue tal que Cristian casi pierde el equilibrio.

Cuando logró estabilizarse, Fabián le preguntó:

—¿Así es como le hablas a tu cuñada?

Cristian, con la cabeza gacha, protestó:

—No es eso… Es que ella ha cambiado. Ya no cocina, no limpia, así que no me aguanté y quise ponerla en su lugar.

—¿Y desde cuándo te crees tú con derecho a ponerla en su lugar? —preguntó Fabián en voz baja y amenazante.

Cristian no dijo nada.

—¿Acaso tu cuñada es la sirvienta de la familia Rojas? —continuó Fabián.

Cristian negó con la cabeza.

—No.

Una vez que Cristian se fue, Fabián se giró hacia Belén.

—Si vuelve a molestarte, dímelo. No voy a…

Pero antes de que pudiera terminar, Belén lo interrumpió.

—Tengo que ir a trabajar. Ya me voy.

Dicho esto, se dio la vuelta y se fue sin la menor vacilación.

Fabián se quedó mirando su espalda mientras se alejaba, con una extraña sensación en el pecho.

Arriba, Cristian entró a la habitación de Cecilia, pero no la encontró. Después de buscarla por todos lados, la encontró en una de las recámaras de huéspedes.

Cecilia ya estaba despierta, pero seguía acostada en la enorme cama, con la mirada perdida.

Cristian se acercó y, a modo de juego, le hizo cosquillas en las axilas.

***

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