Entrar Via

De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 428

—Está bien —dijo Frida, acariciándole el cabello con voz suave—. Yo soy tu mamá.

Afuera, Fabián, ya vestido, estaba a punto de entrar. Al escuchar las palabras de Cecilia, se detuvo en seco. Ver a su hija tan apegada a Frida le hizo pensar que, quizás, divorciarse de Belén había sido la decisión correcta.

El sábado era el día de la excursión de otoño del kínder. La noche anterior, Dolores le había llamado a Belén para decirle que tenía un compromiso y que le pedía que fuera sola con Rosario. Belén aceptó y se levantó temprano para prepararse.

Cuando llegó al kínder, la mayoría de los padres ya estaban allí. La maestra pasó lista y se dio cuenta de que solo faltaban Cecilia y su acompañante.

Belén, de la mano de Rosario, se quedó entre la multitud, mirando hacia la entrada de la escuela con la esperanza de ver a Cecilia. Desde pequeña le había enseñado a ser puntual. Y ahora, todos llevaban esperándola casi diez minutos.

Como no aparecían, algunos padres empezaron a quejarse.

—¿Podemos irnos ya? ¿O tenemos que esperarlos a todos?

—En serio, qué fastidio. Tengo un montón de trabajo pendiente y vine solo por la excursión, pero no es para que nos hagan perder el tiempo así.

—A ver, maestras, ¿podemos apurarnos? El tiempo es oro, desperdiciarlo es una vergüenza, ¿entienden?

En pocos minutos, los murmullos se convirtieron en un clamor que llenó el patio de la escuela. Belén no dijo nada, solo seguía mirando fijamente hacia la entrada.

De repente, Rosario le jaló la mano.

—Tía.

Belén se agachó a su altura, con una expresión cariñosa.

—¿Qué pasa, mi amor?

—Una disculpa a todos, lamento la espera —dijo, avergonzada—. Había mucho tráfico y nos retrasamos un poco. Para compensar, luego les invito un café a todos y un helado a los niños.

Una simple disculpa y un pequeño soborno bastaron para que las quejas se disiparan y algunos incluso la aplaudieran.

—La mamá de Cecilia no solo es hermosa y amable, sino también muy generosa. ¡Qué mujer!

—Ojalá mi esposa fuera la mitad de considerada que la mamá de Cecilia.

—Qué envidia me da el papá de Cecilia, tener una mujer tan maravillosa.

De repente, las quejas se transformaron en halagos y cumplidos. Frida, en el centro de todo, no podía dejar de sonreír. Cecilia, a su lado, era como si no existiera, completamente eclipsada por el brillo de Frida.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida