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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 429

Las maestras que encabezaban el grupo vieron la escena y no pudieron evitar hacer una mueca de disgusto, pero no podían reprender a Frida en público.

La maestra Díaz aplaudió para llamar la atención.

—¡A ver, todos, un momento de silencio, por favor! —exclamó—. Para la actividad de hoy, formaremos equipos de dos padres con sus respectivos hijos. Primero iremos en autobús al Parque del Centenario. Allí recogeremos leña para hacer una fogata y cocinar. Cuando la comida esté lista, la compartiremos entre todos. Por la tarde, haremos juegos, dibujaremos y cantaremos. Al final, cada familia se reportará conmigo y podrán retirarse ordenadamente.

Mientras la maestra hablaba, los padres se calmaron. Apenas terminó, una lluvia de voces se dirigió a Frida.

—Mamá de Cecilia, ¿hacemos equipo?

Tanto padres como madres se arremolinaban a su alrededor, buscando ser su compañero. El orden que se había logrado se rompió por segunda vez desde su llegada.

Solo Belén, con Rosario, y Tobías, con Fabio, permanecían quietos en su lugar.

Viendo el caos, las maestras empezaron a fruncir el ceño. Finalmente, la maestra Díaz encontró una solución: formaría los equipos según el orden de la lista. Cuando llegó el turno de Belén, la emparejó con otra mamá. Inmediatamente después, el nombre de Tobías fue seguido por el de Frida.

Aunque algunos no quedaron contentos con la asignación, nadie protestó.

Poco después, todos subieron a los autobuses rumbo al Parque del Centenario. Al bajar, Frida se dirigió a Tobías.

—Señor Tobías, ¿qué le parece si nosotros vamos por la leña y dejamos que Cecilia y Fabio preparen las verduras?

La propuesta tenía un doble propósito: era más práctico sin los niños y le daba la oportunidad de estar a solas con él.

A Tobías le pareció un plan razonable.

—¡Eres un bastardo sin mamá! —le gritó—. ¿Te atreves a darme órdenes? ¡Yo quiero comer papas fritas, no esas porquerías que tú dices! ¡Bah, un huérfano sin mamá!

No solo lo insultó, sino que tocó la fibra más sensible de Fabio. Tobías conocía su historia: la madre de Fabio había muerto en el parto. Desde entonces, Esteban Pérez no se había vuelto a casar para poder dedicarse por completo a su hijo. Pero por mucho amor paternal que recibiera, a Fabio siempre le faltaría el de su madre. Era un dolor del que nunca se atrevía a hablar con su padre. Y ahora, Cecilia lo había sacado a relucir sin piedad.

Al escucharla, la sangre le hirvió a Tobías. Incluso si Fabio no fuera hijo de Esteban, si fuera un completo desconocido, no podría tolerar que Cecilia lo insultara de esa manera.

Corrió hacia ellos y agarró a Cecilia bruscamente. Levantó la mano, dispuesto a abofetearla.

Pero la razón lo detuvo.

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