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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 430

Cecilia era solo una niña. Y era la hija de Belén.

La mano que había levantado, suspendida en el aire, tembló violentamente antes de bajarla.

Frida regresó, dándose cuenta tarde de lo que pasaba. Justo cuando Tobías soltó a Cecilia, ella corrió a abrazarla.

—Frida, controla a tu niña. Si vuelve a decir una sola palabra, no me importará quién sea. Le arrancaré la lengua. Y lo digo en serio.

La cara de Tobías estaba sombría. Miró a Frida de reojo, y la frialdad en sus ojos era como un veneno, una amenaza mortal. Frida nunca lo había visto así y se quedó paralizada del miedo. Cecilia, aterrorizada por el gesto de Tobías, se escondió en los brazos de Frida, sollozando.

Fabio, que estaba a un lado, dejó de llorar en cuanto vio a Tobías.

Después de intimidar a Cecilia, Tobías se agachó y levantó a Fabio en brazos. Lo llevó a un rincón tranquilo y lo bajó.

Se arrodilló frente a él, le acarició el cabello y le dijo con una ternura infinita:

—Fue mi culpa, campeón. No debí dejarte solo.

Aunque Tobías solía bromear con Fabio, en el fondo lo quería como a un hijo. No podía soportar verlo sufrir.

Fabio negó con la cabeza. A pesar de tener los ojos rojos, logró esbozar una sonrisa.

—No fue tu culpa, señor Tobías. No tienes que disculparte.

Verlo así le partió el corazón a Tobías. Lo abrazó con fuerza.

—Vámonos. Te cambio de equipo. No vamos a estar con esa pequeña arpía.

Dicho esto, llevó a Fabio con la maestra Díaz.

La maestra, al ver a Fabio llorando, le preguntó qué había pasado. Al enterarse, sintió una profunda compasión por el niño.

—Fabio, los niños como tú se convierten en hombres fuertes. Así que vamos a ser valientes y a no llorar, ¿de acuerdo?

Belén notó que Tobías caminaba muy rápido y aceleró el paso para alcanzarlo. Cuando lo logró, él ya había encontrado varias ramas secas.

Estaba agachado, partiéndolas con las manos. Sin guantes, después de romper varias, una astilla le rasgó un dedo. Belén vio cómo la sangre brotaba de inmediato.

—A ver, déjame ver —le dijo, tomándole la mano.

Tobías intentó retirarla, pero al ver la preocupación en los ojos de Belén, cedió. La miró fijamente, con una intensidad que parecía querer atravesarla, descubrir qué había en el fondo de su alma.

Belén sintió su mirada, pero no respondió. Se concentró en limpiarle la herida.

Tobías no pudo contenerse más. Aunque intentó mantener la voz baja, se notaba un ligero temblor.

—¿Por qué de repente te has vuelto tan fría conmigo?

***

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