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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 436

Tobías siguió sin mirarla. Sabía que en ese momento estaba muy vulnerable y no querría que nadie la viera así. Al escuchar su respuesta, dejó escapar una risa amarga.

—Por fin puedes entender cómo me siento yo.

Belén guardó silencio. Sabía que iba a empezar con sus divagaciones y, como no las entendía, prefirió no responder.

Finalmente, él se giró para mirarla.

—Si de verdad estás tan mal, puedes apoyarte en mi hombro un rato. Te lo presto.

Quiso decir que no hacía falta, pero las palabras no le salieron. Las lágrimas brotaron con más fuerza. Incapaz de contenerse más, se giró y lo abrazó, hundiendo el rostro en su hombro y llorando desconsoladamente.

—Cecilia no era así antes, de verdad que no —sollozaba—. Pero ya no me hace caso, no puedo controlarla, yo…

Tobías sintió cómo temblaba el cuerpo de Belén. La rodeó suavemente con el brazo.

—Lo sé, lo sé todo —la consoló.

Belén lloró durante mucho tiempo, contándole anécdotas de cuando Cecilia era una niña buena y obediente. Tobías la escuchó en silencio, sin decir nada.

Unos veinte minutos después, Belén finalmente levantó la cabeza. Se sentía un poco mejor; ya no lloraba.

—Gracias —le dijo, mirándolo.

—Si de verdad quieres lo mejor para Cecilia, deberías contarle a Fabián lo que pasó hoy —le aconsejó él con seriedad.

—Sí, lo sé.

Tobías siguió mirándola fijamente.

—Si yo fuera su padre, te juro que no tendrías que pasar por estas preocupaciones.

Belén esbozó una leve sonrisa.

—Mejor regresemos.

Belén escuchó toda la conversación. Sin darse cuenta, apretó los puños con fuerza. A su lado, Tobías sintió su dolor. Por un instante, tuvo la sensación de que Belén iba a romperse.

Cecilia, feliz, no dejaba de llamar «mamá» a Frida, quien le respondía mecánicamente, con la mente en otro lugar.

A Belén no le molestó, pero Tobías perdió la paciencia y se dispuso a ir hacia ellas.

Belén reaccionó al instante.

—¿Qué vas a hacer? —le preguntó, sujetándolo.

—¿Vas a dejar que le meta esas ideas en la cabeza a tu hija? —replicó él, mirándola con frialdad.

La pregunta de Tobías la dejó perpleja. ¿Estaba tan preocupado porque Cecilia se volviera una mala niña, o porque Frida realmente se convirtiera en su madre?

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