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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 437

Belén se quedó mirando a Tobías, desconcertada. Él, al ver que no decía nada, intentó soltarse.

—¿Y qué ganaríamos yendo? ¿Regañar a Cecilia? —dijo ella finalmente, soltándolo—. No tiene sentido. Mejor dejarlos en paz.

Dicho esto, se dio la vuelta y caminó hacia donde estaban Rosario y Fabio. Había sido clara. Si Tobías insistía en ir, no volvería a detenerlo. Ya fuera por preocupación por Cecilia o por miedo a perder a Frida, era su decisión.

Cuando llegó, Rosario y Fabio ya habían terminado de almorzar y estaban jugando. Apenas se sentó, Tobías regresó. Se sorprendió al verlo. No había ido a buscar a Frida.

La maestra Díaz, al ver que acababan de llegar, los invitó a almorzar.

Mientras comía, Belén sintió un dolor sordo en el bajo vientre. Hizo cuentas y supuso que era su período, así que no le dio mayor importancia.

Pasó toda la tarde apática, sin energía. Tobías lo notó, pero pensó que era por lo de Cecilia.

A las cinco, la actividad del kínder terminó. Belén llevó a Rosario a la Mansión Soler y luego condujo hacia la Mansión Armonía.

Llegó a las seis y media, justo a la hora de la cena. Fabián y el abuelo estaban en casa; Cecilia aún no había vuelto.

Camila estaba sirviendo la cena. El abuelo, al no ver a Cecilia, le preguntó a Belén, que acababa de entrar:

—¿Y Cecilia? ¿Por qué no ha vuelto?

Belén se quedó sin palabras y miró a Fabián. Si Cecilia ya la había desconocido como madre, ¿cómo iba a saber ella dónde estaba?

Fabián la miró y luego respondió al abuelo:

—Abuelo, Cecilia fue a jugar a casa de una amiga. Dijo que cenaría allí y volvería más tarde.

«¿Amiga?», pensó Belén con sorna. Con la fama que tenía en el kínder, era imposible que tuviera amigas. Pero no desmintió a Fabián.

Fabián apretó el tenedor. Antes de que pudiera decir algo, el abuelo intervino.

—Eso es, Belén. Lo que tengas que decir, dilo delante de mí. Si Fabián te ha hecho algo, no te preocupes, yo te defenderé.

Las palabras del abuelo, fueran sinceras o no, le reconfortaron.

—Gracias, abuelo —dijo con una sonrisa.

Luego, se volvió hacia Fabián, cuyo rostro estaba tenso. Belén sabía lo que le preocupaba, pero continuó sin prisa:

—Hoy, en la excursión del kínder, Cecilia insultó a un compañero. ¿Cómo crees que deberíamos manejarlo?

***

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