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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 438

Al oír eso, la tensión en el rostro de Fabián se disipó.

—¿Qué fue lo que dijo? —preguntó después de un momento.

—Bastardo.

Fabián se quedó en silencio, como si no pudiera creerlo.

—Fabián, contéstame —insistió Belén—. ¿Cómo crees que deberíamos manejar esto?

—¿Y tú? ¿Qué crees que deberíamos hacer? —devolvió él la pregunta.

—Una disculpa pública y un día sin comer —respondió Belén, apretando la mandíbula.

Fabián frunció el ceño.

—¿No te parece demasiado severo?

—No, no lo es.

No tener madre era la herida de Fabio. Que lo llamaran bastardo era echarle sal.

—¿Y si no dejo que Cecilia se disculpe? —replicó Fabián, despreocupado.

—Como quieras —dijo Belén, como si lo hubiera anticipado—. Al fin y al cabo, no es solo mi hija, también es tuya.

—Cecilia es solo una niña —se endureció la cara de Fabián—. ¿Acaso quieres matarla a golpes?

—Sí, se lo merece —respondió Belén sin dudar.

—¡Belén, eres su madre! ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? —gritó Fabián.

Desde que había empezado la discusión, el abuelo no había podido mediar. Veía cómo se acaloraban, pero no sabía a quién darle la razón.

—¡Sí, abuelo! —le respondió la voz de Fabián a lo lejos.

Cuando Belén abrió los ojos, lo primero que vio fue a Fabián de pie junto a la ventana, fumando sin parar. No sabía cuántos cigarros se había fumado, pero la habitación estaba impregnada de un olor denso y sofocante.

—Fabián, ¿podrías salir a fumar? —le dijo, arrugando la nariz.

Al hablar, se dio cuenta de que su voz era un susurro ronco, casi irreconocible.

Fabián aplastó el cigarro, a medio consumir, en el cenicero. Solo cuando la brasa se extinguió, se acercó a la cama. Se sentó en una silla, con una expresión fría y grave.

—Belén, respóndeme. ¿Por qué crees que te desmayaste?

***

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