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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 440

La mano de Fabián se apretó con más fuerza alrededor de su cuello. Sus ojos se enrojecieron.

—Estaba ahí, estaba vivo. Y tú, sin decir nada, te deshiciste de él —dijo con voz grave—. ¿En qué se diferencia eso de un asesinato?

Belén no supo de dónde sacó las fuerzas, pero logró golpear la mano de Fabián un par de veces.

—¡Y no me arrepiento de nada! —le gritó.

Desde el momento en que tomó la decisión, no se había arrepentido ni un segundo. Incluso se sentía afortunada de haberlo hecho a tiempo, cuando aún era pequeño.

Apenas terminó de hablar, Fabián la empujó con una violencia brutal. Belén cayó de espaldas y se golpeó la cabeza contra el barandal de metal de la cama.

Fabián la miró con desprecio.

—Estás loca, Belén.

Se levantó, ignorando que acababa de pasar por un legrado, ignorando la sangre que empezaba a brotar de su frente… Se fue sin decir una palabra más.

Belén se quedó tirada en la cama, de lado, con la frente apoyada en el frío metal. No tenía fuerzas para moverse. Vio cómo la silueta de Fabián se desvanecía en la distancia.

«Ja…»

No supo cuánto tiempo permaneció en esa posición. El cuerpo se le había entumecido cuando la puerta se abrió y entró un médico. Al verla así, se acercó preocupado, la acomodó en la cama y la tapó.

—¿Se encuentra bien? —le preguntó.

Belén negó con la cabeza, sin decir nada.

—El legrado no se completó bien y eso provocó una hemorragia —le explicó el médico—. Por suerte, la trajeron a tiempo. Tuvimos que hacerle una limpieza y detener el sangrado para salvarle la vida.

—Acaba de pasar por un legrado, es como una pequeña cuarentena. No debe llorar, o cuando sea mayor, los ojos le llorarán con el viento.

—Sí —murmuró Belén, conmovida por la amabilidad de la joven.

Cuando la enfermera se fue, la sensación de desamparo se hizo más profunda. La sangre de su frente se había secado, formando una costra. Ya no sentía dolor.

Esa noche no pudo dormir. Daba vueltas en la cama, sin encontrar descanso. Las palabras de Fabián resonaban en su cabeza. ¿Qué era lo que realmente quería?

Cerca de las dos de la madrugada, finalmente se quedó dormida.

Apenas había conciliado el sueño cuando alguien le arrancó las sábanas de un tirón. El frío la despertó de golpe. Abrió los ojos y, poco a poco, distinguió la figura que estaba de pie junto a su cama.

Era Mariana.

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