Belén estaba acurrucada en la cama del hospital. A su lado, de pie y con una furia que metía miedo, estaba Mariana.
—Belén, ¿así que te atreviste a deshacerte del bebé de la familia Rojas? ¿Ya no quieres vivir o qué te pasa? —preguntó Mariana, arrastrando las palabras con rabia, como si cada una pudiera devorarla.
Belén se sentía débil, sin una gota de fuerza. Levantó la vista hacia Mariana, pero no tenía ganas de decir nada.
Al ver su silencio, Mariana se enfureció todavía más. Se acercó de una zancada y le soltó una bofetada en plena cara.
—¿Y encima te atreves a ignorarme? ¿Quién te crees que eres para hacer eso? —gritó, sin importarle en lo más mínimo que Belén seguía siendo la esposa de Fabián.
La mejilla de Belén ardió de inmediato y la marca de los cinco dedos apareció al instante. Giró la cabeza, pero sus ojos enrojecidos se clavaron en Mariana con un tono cargado de sarcasmo.
—Aprovecha ahora que puedes ponerte así de loca.
Ese comentario prendió la mecha de la ira de Mariana. En dos pasos, se le fue encima, montándose sobre ella en la cama.
Sin pensarlo dos veces, Mariana empezó a abofetearla y a pellizcarla sin piedad.
Belén no tenía fuerza para nada, no podía defenderse en lo más mínimo.
Mariana solo se detuvo cuando sus propios brazos se cansaron. Jadeaba, tratando de recuperar el aliento. Debajo de ella, Belén yacía con el rostro pálido como el papel, una imagen que helaba la sangre. Su cuerpo estaba cubierto de marcas rojas por los pellizcos.
Mariana observó su obra y asintió, satisfecha.
Pero no había terminado. Apretando los dientes, le clavó las uñas en el brazo a Belén mientras la insultaba.
—¡Maldita salada, nunca debí dejar que entraras a esta familia! ¿Qué me miras? ¿Por qué no te mueres de una vez? ¡Te atreviste a tocar a un bebé de los Rojas! Se ve que no te importa tu miserable vida. Toda tu familia, los Soler, son una bola de muertos de hambre, ¡unos don nadie!
Tumbada en la cama, Belén solo podía intentar esquivar los golpes y pellizcos de Mariana. No tenía otra opción. Su cuerpo no le respondía; aunque quisiera pelear, no podía ni siquiera incorporarse. Y ya ni se molestaba en refutar los insultos que Mariana le lanzaba uno tras otro.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....