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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 472

—El mismo —respondió Tobías con una risa sonora.

—¿A dónde te la llevaste? —preguntó Fabián sin rodeos.

—¿Y a ti qué te importa? —replicó Tobías, divertido, y antes de que Fabián pudiera decir algo más, colgó.

El tono de la línea muerta dejó a Fabián con una sensación amarga. Aunque ya habían iniciado los trámites del divorcio, por alguna razón, no se sentía bien. No sabía explicar qué era exactamente lo que le molestaba.

Mientras divagaba, su celular volvió a sonar. Pensó que sería Belén devolviéndole la llamada, pero al mirar la pantalla, vio que era Frida.

Después de una pausa, contestó.

—Frida.

Al oír la voz ronca de Fabián, Frida supuso que había trabajado toda la noche. Aun así, después de pensarlo un poco, le preguntó:

—Esta noche es la cena que organiza el maestro Rodrigo. ¿Me acompañas?

—Claro —respondió Fabián sin pensarlo dos veces.

Hablaron un poco más, principalmente sobre Cecilia. Después, Fabián le dijo que tenía que colgar. Había pensado pedirle a Leonel que investigara el paradero de Belén, pero ahora decidió que era mejor ir a casa a recuperar el sueño. Tenía que estar descansado para acompañar a Frida a la cena.

Como su abuelo estaba en la Mansión Armonía, decidió ir a dormir a la Vivienda Vista Clara.

Cuando llegó, Jimena estaba almorzando algo sencillo: unas verduras cocidas. Al oír pasos, levantó la vista y, al ver a Fabián, se sorprendió.

—Señor, ¿qué hace aquí?

—¿Tan raro es que venga? —preguntó él, extrañado por su tono.

Tobías estaba sentado en el sofá de la sala. Apenas había colgado la llamada con Fabián cuando Leandro entró cargado de bolsas del supermercado.

—Hermano, déjame ayudarte —dijo Tobías, levantándose de inmediato para recibirlo.

—No hace falta, yo puedo. Tú siéntate —respondió Leandro con frialdad, sin soltar las bolsas.

Leandro y Dolores se habían encargado de los trámites del alta de Belén. Después, Dolores le había dicho a Tobías:

—Gracias por cuidar de Belén. Si no tienes inconveniente, nos gustaría que almorzaras con nosotros en la mansión Soler.

A Tobías le encantó la idea y aceptó sin dudarlo. Pero si a algunos les alegraba su presencia, a otros no. Leandro era uno de ellos.

***

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