Al ver a Tobías tan dispuesto, Dolores no pudo evitar sonreír.
—Señor Tobías, no se moleste. En casa hay personal que se encarga de eso.
Para ella, un hombre capaz de hacer algo así por una mujer no podía ser tan malo.
Tobías se sonrojó al instante.
—Entonces… trapearé el piso —insistió.
—Belén, contrólalo, por favor —dijo Dolores con una sonrisa amable, dirigiéndose a su cuñada.
Belén, que había presenciado toda la escena, no entendía qué pretendía Tobías. Si la que le gustaba era Frida, ¿por qué se humillaba haciendo esas cosas en su casa? No lo comprendía. Aprovechando la oportunidad que le dio Dolores, le dijo:
—¿No me habías dicho que tenías una junta en la tarde? Anda, te acompaño a la puerta.
Tobías entendió que lo estaba corriendo, pero aun así, respondió con descaro:
—Ya delegué todo. La junta puede seguir sin mí. Hoy mi única prioridad es acompañarte a la cena de esta noche. —Y para que Belén no pudiera negarse, se dirigió a Leandro y a Dolores—. Supongo que mi cuñado y mi cuñada tampoco se sentirían tranquilos si vas sola.
—Tobías, tú… —empezó a decir Belén, exasperada.
Él le dedicó una leve sonrisa, con una expresión de victoria en los ojos. Belén pensó que, conociendo el carácter de Leandro, no dejaría que Tobías se quedara. Pero entonces, escuchó a su hermano decir:
—Entonces, sube a descansar un rato. —Y luego, dirigiéndose a una empleada—: Acompañe al señor Tobías a la habitación de huéspedes.
La empleada obedeció.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....