Ver a Belén salir de la mansión Soler junto a Tobías fue como una puñalada en el corazón para Hugo. Pero al verla acercarse, mantuvo la sonrisa y caminó hacia ella con el paraguas en alto. Cuando estuvieron juntos, inclinó el paraguas para cubrirla por completo.
—Belén —le dijo con una sonrisa tierna, mirándola desde arriba.
—Hugo —respondió ella, devolviéndole la sonrisa.
Se había maquillado para la ocasión, cubriendo los restos de los moretones con base. A ojos de Hugo, parecía como si nunca hubiera estado enferma.
—Sube al carro —dijo él, cambiando el paraguas de mano para caminar a su lado.
Tobías, a un lado, puso los ojos en blanco ante el gesto de Hugo.
—Puro teatro —murmuró con desdén.
Belén lo escuchó y lo fulminó con la mirada. Él, al ver su reacción, desvió la cara a propósito, sin decir nada. Hugo también lo oyó, pero no se inmutó.
—Sube, Belén —repitió con una leve sonrisa.
—Sí —asintió ella.
Caminaron juntos hacia el carro bajo el paraguas. Hugo le abrió la puerta del copiloto.
Tobías, que los seguía, vio el gesto y se apresuró a detener a Belén justo cuando iba a sentarse.
—Mi amorcito se sienta atrás —le dijo a Hugo, mirándolo—. Tiene que estar conmigo.
Con una sonrisa pícara, Tobías tomó a Belén de la mano, le impidió subir adelante y, con una fuerza que ella no pudo resistir, la acomodó en el asiento trasero. Todo sucedió tan rápido que Hugo apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Tobías bajó la ventanilla y, asomando su atractivo rostro, le dijo a Hugo con una ceja arqueada:
—Arranque, señor Hugo.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....