Después de caminar un buen trecho, Belén se atrevió a hablar.
—Hugo, hay algunas cosas que quiero decirte.
Hugo se detuvo. Belén notó que su cuerpo temblaba ligeramente. Un instante después, él se giró y, sin decir una palabra, la abrazó con fuerza, apoyando la barbilla sobre su cabeza.
—No digas nada. Por favor, no digas nada —le rogó.
Hugo intuía lo que Belén quería decirle, pero no quería escucharlo. Se arrepentía a cada momento. ¿Por qué no había sido más decidido? ¿Por qué no le había confesado sus sentimientos antes? Esperó y esperó, y cuando por fin alcanzó el éxito, ella ya era la esposa de otro.
Y ahora, envidiaba a Tobías. Envidaba que pudiera expresar su amor sin tapujos.
A Belén se le encogió el corazón, pero insistió.
—Hugo, hay cosas que tengo que decir.
Él la abrazó aún más fuerte. Parecía que estaba llorando.
—Te lo suplico.
Belén, con el corazón encogido, optó por el silencio.
—Déjame al menos conservar la ilusión —continuó él.
—¿Y si esa ilusión también se rompe? —preguntó ella con voz ronca.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....