Después de caminar un buen trecho, Belén se atrevió a hablar.
—Hugo, hay algunas cosas que quiero decirte.
Hugo se detuvo. Belén notó que su cuerpo temblaba ligeramente. Un instante después, él se giró y, sin decir una palabra, la abrazó con fuerza, apoyando la barbilla sobre su cabeza.
—No digas nada. Por favor, no digas nada —le rogó.
Hugo intuía lo que Belén quería decirle, pero no quería escucharlo. Se arrepentía a cada momento. ¿Por qué no había sido más decidido? ¿Por qué no le había confesado sus sentimientos antes? Esperó y esperó, y cuando por fin alcanzó el éxito, ella ya era la esposa de otro.
Y ahora, envidiaba a Tobías. Envidaba que pudiera expresar su amor sin tapujos.
A Belén se le encogió el corazón, pero insistió.
—Hugo, hay cosas que tengo que decir.
Él la abrazó aún más fuerte. Parecía que estaba llorando.
—Te lo suplico.
Belén, con el corazón encogido, optó por el silencio.
—Déjame al menos conservar la ilusión —continuó él.
—¿Y si esa ilusión también se rompe? —preguntó ella con voz ronca.
Él la miró, pero las palabras se le atoraron en la garganta. No era como Fabián, a quien le bastaba con existir para ganarse el amor de Belén. Tampoco era como Tobías, capaz de expresar su amor sin la menor vergüenza. A menudo se reprochaba a sí mismo por no ser más atrevido.
***
Diez minutos antes, el Panamera de Tobías estaba estacionado al borde de la calle. Él estaba en el asiento del conductor, jugando en su celular. De vez en cuando, miraba por la ventanilla hacia la entrada del asador. Al no ver salir a Belén, volvía a concentrarse en el juego.
De repente, la pantalla se iluminó con una llamada entrante de un número desconocido. Temiendo que fuera Belén, contestó. Del otro lado se escuchaba mucho ruido. Luego, una voz de hombre que no reconoció preguntó:
—¿Hablo con el señor Tobías? Le llamamos desde el Puente Libertador de Páramo Alto. Su madre tuvo un accidente automovilístico. Por favor, venga lo antes posible.
Al oír esas palabras, el cuerpo de Tobías se congeló centímetro a centímetro. Se quedó paralizado en el carro y, cuando por fin reaccionó, sin siquiera colgar el teléfono, pisó el acelerador a fondo y salió disparado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....