Hugo llamó a un chofer para que llevara a Belén de vuelta a la mansión Soler.
Durante el trayecto, ninguno de los dos dijo nada. El silencio reinaba en el carro.
Al pasar por el Puente Libertador de Páramo Alto, Belén giró la cabeza para mirar el carril contrario. El tráfico estaba completamente detenido y una multitud se había congregado en un tramo de la carretera.
—Parece que hubo un accidente —murmuró, extrañada.
—Sí, y parece bastante grave —coincidió Hugo, mirando también.
La gente rodeaba la escena, impidiéndoles ver lo que había sucedido. De repente, una voz gritó desde el otro lado:
—¿Hay algún doctor? ¡Alguien está perdiendo mucha sangre! ¡La ambulancia no puede pasar por el tráfico! ¡Si alguien estudió medicina, por favor, ayude!
Al oírlo, Belén se giró y miró a Hugo. Sin pensarlo dos veces, él le pidió al chofer que se orillara. Una vez estacionados, le dijo a Belén:
—Vamos a ver.
—Sí —asintió ella.
Ambos se bajaron del carro y saltaron la barrera de contención para cruzar al otro carril.
—Somos médicos, por favor, déjennos pasar —decía Hugo mientras se abría paso entre la gente.
Belén lo seguía de cerca. La multitud les abrió camino hasta el centro del tumulto.
La escena era desoladora. Varios carros estaban destrozados, uno de ellos incrustado contra la barandilla del puente, a punto de caer al agua. Algunas personas con heridas leves estaban sentadas a un lado, pero en el suelo yacía una mujer, casi sin vida, en un charco de sangre. A su lado, arrodillado, había un hombre.
Por la espalda, a Belén le pareció reconocer a Tobías, aunque no estaba segura.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....