Al oír que Gabriela estaba despierta, Tobías dejó de discutir con Hugo y salió corriendo.
Belén, al verlo irse, sintió un extraño alivio. Si se hubiera quedado, no sabía qué otras cosas podría haber dicho Hugo. Retiró la mano y, dando un paso atrás, le dijo:
—Hugo, tengo que irme.
—Te acompaño —dijo él, levantándose.
—Hugo, por favor, descansa. Puedo irme sola —respondió ella, rechazando instintivamente.
—No me quedo tranquilo. Déjame llevarte —insistió él.
Belén, al final, cedió. Si no lo dejaba acompañarla, dudaba que la dejara irse.
Hugo la llevó hasta la mansión Soler y se fue sin decir nada más. Belén agradeció su silencio.
Al llegar a casa, no había nadie de la familia, solo el personal de servicio. Se sentía agotada, así que subió a su habitación. Después de un baño, se acostó para recuperar el sueño.
Apenas empezaba a quedarse dormida cuando sonó su celular. Sin mirar quién llamaba, contestó.
—Bueno —dijo con voz somnolienta.
—Tía, ¡Cecilia se cayó! Está consciente, pero parece que no puede levantarse —dijo Rosario al otro lado, con voz angustiada.
El sueño de Belén se desvaneció al instante. Se levantó de la cama de un salto.
Condujo a toda prisa hacia el kínder. Al llegar, un grupo de niños la señaló.
—¡Ya llegó la familia de Cecilia!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....