Belén entendió lo que Tobías quería decir, así que no añadió nada más.
Ante la insistencia de él, no volvió a rechazar su oferta de llevarla a casa. Tobías la dejó en la mansión Soler y luego se fue.
Cuando Belén entró, Leandro y los demás no estaban; solo el personal de servicio se ocupaba de sus tareas. Subió a su habitación, se dio un baño caliente y se acostó para recuperar el sueño.
Cuando volvió a abrir los ojos, escuchó que alguien llamaba a la puerta.
—Señorita Belén, tiene visita.
—Gracias, ya bajo —respondió, algo confundida.
Después de arreglarse un poco, bajó las escaleras. Pensó que sería algún pariente de los Soler, pero se encontró con Pilar. Hacía mucho tiempo que no la veía.
Al oír sus pasos, Pilar se levantó del sofá de inmediato.
—Cuñada.
Al ver la sonrisa en el rostro de Pilar, Belén recordó instintivamente las palabras de Cristian. Pero pensándolo bien, si Pilar estaba tan feliz, era evidente que su salud ya no era un problema. Tras esa breve reflexión, Belén le sonrió.
—Pilar, ¿qué te trae por aquí?
Los Rojas rara vez visitaban la mansión Soler. De hecho, algunos nunca habían puesto un pie allí. Hacía mucho tiempo que ningún miembro de la familia Rojas los visitaba.
Pilar se acercó a Belén y la tomó del brazo.
—Cuñada, el abuelo me mandó a buscarte. Dice que te invita a cenar en la Mansión Armonía.
Al oír eso, la sonrisa de Belén se desvaneció y una frialdad se instaló en su mirada.
—No, gracias. Hoy tengo otros planes, no podré ir.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....