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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 506

La chica que había ofrecido las galletas, que al principio se había sentido intimidada por la presencia de Frida, ahora sonreía con disimulo al ver la actitud de Hugo hacia ella.

Frida, al ver que Hugo la estaba humillando de esa manera, no pudo evitar exclamar:

—Hugo, tú…

Pero él no la dejó terminar.

—Si no necesitas nada más, me retiro.

Dicho esto, se dio la vuelta para marcharse.

En un impulso, Frida lo agarró de la manga.

—Hugo, ¿tanto me odias?

Hugo se giró y la miró con una frialdad que helaba la sangre.

—Sí.

Frida se quedó paralizada, con una expresión de incredulidad en el rostro.

Hugo la sostuvo la mirada y continuó:

—Hubo un tiempo en que tu talento me deslumbró. Tocabas el piano de una forma sublime, era cautivador, adictivo. Pero ambos sabemos perfectamente qué clase de cosas has hecho. No creo que necesites que yo te lo recuerde, ¿o sí?

Frida lo miró en silencio, incapaz de articular palabra.

Hugo, sin querer malgastar más saliva, se dio la vuelta y se alejó en dirección a la salida de la universidad.

—¿Es por Belén? —le gritó Frida, sin poder resignarse—. ¿Es por ella que me odias tanto?

Hugo no respondió ni detuvo su paso.

Al verlo alejarse, Frida sintió una mezcla de rabia y celos. Todo era por culpa de Belén. Por ella, Hugo, que antes la admiraba, ahora la despreciaba.

La ira le oprimía el pecho, haciéndole respirar con dificultad. Cuando logró calmarse un poco, salió de la universidad, envuelta en la bruma matutina.

—¿Y crees que solo la has descuidado a ella? —le reprochó Fabián con un ligero tono de disgusto.

Frida tardó un segundo en comprender. Ver a Fabián celoso, en el fondo, le causaba cierta satisfacción.

Levantó la vista, le acarició la mandíbula y le dijo:

—Lo siento, a ti también te he tenido abandonado estos días.

Fabián negó con la cabeza y le preguntó con una sonrisa pícara:

—Y entonces, ¿cómo piensas compensarme?

Al verlo así, el afecto que sentía por él resurgió. Se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla.

Pero a Fabián no le pareció suficiente. La miró con los ojos encendidos por el deseo y le preguntó:

—¿Solo eso?

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