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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 507

Las palabras de Fabián tenían una clara doble intención. Al escucharlas, las mejillas de Frida se encendieron.

—¿Y qué más quieres? —preguntó, fingiendo timidez.

La bruma matutina humedecía su cabello, y su rostro, alzado hacia él, estaba iluminado por una sonrisa delicada. Lo miraba con unos ojos que parecían contener una galaxia entera, llenos de un brillo líquido y titilante.

Fabián, cautivado por su aspecto dócil y encantador, no pudo evitar sonreír.

—¿Estarías dispuesta a tener hijos? —le preguntó de repente.

En un instante, la sonrisa se desvaneció del rostro de Frida. Su expresión se endureció y, frunciendo el ceño, le preguntó:

—¿No habías dicho que no me dejarías tener hijos porque podría costarme la vida?

—Sí —respondió Fabián en voz baja.

—Fabián, ¿sigues queriendo un hijo varón? —insistió ella, con el ceño fruncido por la inquietud.

Fabián le acarició la mejilla y le explicó con suavidad:

—No es eso, es solo que mi abuelo está presionando mucho.

—¿Y entonces? ¿Tú qué piensas? —continuó ella, sin ceder.

—Lo mejor será dejar que las cosas fluyan —respondió Fabián, mirándola fijamente y en voz baja.

Sus palabras la llenaron de pánico. Al final, no dijo nada más y, con la excusa de que tenía hambre y sueño, le pidió que la llevara a casa.

Durante todo el trayecto, Frida mantuvo los ojos cerrados, fingiendo dormir. Fabián tampoco intentó iniciar una conversación.

***

Mansión Soler.

Belén durmió profundamente y no se despertó hasta las ocho y media de la mañana.

Debido a su estado de salud, había pedido un permiso en el trabajo. Su jefe, al principio, se negó a dárselo e incluso la amenazó con afectar su evaluación de desempeño, pero a ella no le importó. Le dijo que descontara lo que quisiera. En ese momento, su salud era lo más importante.

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