Tobías abrazó a Belén, dejando que se desahogara en sus brazos.
La dejó recargarse en su pecho, con la barbilla apoyada en la coronilla de ella. Sus ojos y su corazón estaban llenos de una profunda compasión por ella.
No le preguntó qué había pasado. En ese momento, estar a su lado era el mayor consuelo que podía ofrecerle.
Después de llorar, Belén se sintió un poco mejor.
Al pensar en Alejandra, se esforzó por levantar la cabeza del pecho de Tobías y, mirándolo, le dijo:
—No encuentro a Alejandra, no contesta.
Tobías la miró y le respondió:
—Lo sé, pero Mateo ya fue a buscarla.
Al oír eso, Belén preguntó, algo extrañada:
—¿El señor Mateo?
Tobías seguía sosteniéndola, sin intención de soltarla, y Belén parecía haber olvidado que todavía estaba en sus brazos.
Tobías asintió.
—Sí, la persona que citó a la señorita Alejandra era Mateo.
Belén frunció el ceño, confundida.
—¿Pero por qué?
Tobías sonrió levemente.
—Cosas del amor.
Belén se quedó pensativa. No sabía que a Mateo Carrillo le gustaba Alejandra, ni desde cuándo.
Pero si Tobías lo decía, supuso que no era un simple rumor.
Tras reflexionar un momento, solo dijo:
—Ah, bueno.
Al darse cuenta de que seguía en los brazos de Tobías, Belén se soltó y se apartó.
Cuando logró mantenerse firme de pie, le dijo:
—Quiero ir a buscar a Alejandra.
Tobías la vio alejarse sin enojarse. Al contrario, sonrió sutilmente y, aprovechando un descuido, le tomó la mano.
La guio hacia su carro mientras decía:
—Vamos, nos encontraremos con Mateo. Seguramente ya encontró a la señorita Alejandra.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....