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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 515

Las palabras de Tobías golpearon a Alejandra en su punto más vulnerable.

Belén, al escucharlo, se giró furiosa hacia él.

—Tobías, ya cállate.

Mateo podía intuir la intención de Tobías, pero también temía que su método fuera contraproducente.

Alejandra aún sostenía con fuerza el mango del cuchillo, mientras la mano de Belén no dejaba de sangrar.

Pero Tobías no le hizo caso a Belén. Al contrario, le habló a Alejandra en un tono aún más alto:

—Tienes tiempo para apuntar con un cuchillo a tu mejor amiga, pero no para pensar en cómo juntar pruebas y asegurarte de que Ismael reciba la condena más larga posible. Si yo fuera tú, a estas horas Ismael ya estaría tras las rejas, no estaría aquí lloriqueando, lamentándome y lastimando a otros. Si quisiera morir, primero me aseguraría de que él pagara por lo que hizo…

Belén no podía detener el torrente de palabras de Tobías, así que solo pudo mirar a Alejandra con angustia, esperando que sus palabras la hicieran reaccionar.

Aunque Tobías sonaba cruel, lo que decía era verdad.

Alejandra se quedó inmóvil, con la mirada perdida en el vacío.

Parecía haberlo entendido. Lentamente, bajó la mano.

Belén aprovechó para quitarle el cuchillo.

Al ver esto, Tobías se inclinó, tomó la mano ensangrentada de Belén y la envolvió con la suya.

Al mismo tiempo, se giró hacia Alejandra y le dijo:

—Recuérdalo: solo si vives tendrás una oportunidad. Si mueres, se acabó todo.

Dicho esto, sacó a Belén de la habitación.

Belén lo siguió a trompicones, caminando de forma inestable.

Tobías no se detuvo ni un segundo. La llevó al elevador y salieron del edificio.

En una clínica cercana, hizo que un médico le limpiara y vendara la herida.

Sentada en el consultorio, Belén frunció el ceño y soltó un gemido ahogado por el dolor mientras el médico la curaba.

Tobías sabía que le dolía, y aunque se le encogía el corazón, le dijo sin piedad:

—Eso te pasa por imprudente, ahora aguanta.

Belén levantó la cara para mirarlo, algo molesta.

—Tobías, tú…

—Sí.

Caminaron uno al lado del otro en silencio por un buen rato.

Tobías, incapaz de soportar más el silencio, se detuvo y le dijo:

—Ya casi es Año Nuevo. Mi mamá quiere invitarte a pasar la fiesta en nuestra casa.

Al oír esto, Belén respondió con cierta inquietud:

—Pronto tengo mi examen de admisión a la maestría, así que agradezco mucho la amabilidad de su mamá, pero…

Tobías la interrumpió, desarmando su excusa sin miramientos.

—¿Y qué tiene que ver el examen con el Año Nuevo?

Belén sabía que Tobías era difícil de convencer y no quería seguir discutiendo sobre el tema.

Después de pensarlo, le dijo:

—Bueno, ya veremos cuando llegue la fecha.

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