Fabián no se enderezó. Siguió inclinado, con la mirada fija en Belén. Al ver su nerviosismo disimulado, le preguntó con un toque de diversión:
—¿Qué pasa? ¿Me tienes miedo?
En todos esos años, Fabián nunca había visto miedo en los ojos de Belén.
Pero esa noche, lo vio.
Por un momento, se sintió como si estuviera frente a una extraña, una sensación que lo descolocó.
Había conocido a demasiadas mujeres, todas llenas de halagos, complacencia y adulación hacia él.
Incluso la Belén de antes siempre se había mostrado sumisa.
Al oír la pregunta de Fabián, Belén giró lentamente el rostro y lo miró directamente a los ojos.
Con una calma absoluta, le dijo:
—Fabián, no te tengo miedo. Simplemente creo que esto entre nosotros ya no es necesario.
Al escucharla, Fabián entrecerró los ojos y preguntó con curiosidad:
—¿Por qué?
Belén lo miró, sintiendo que se había convertido en un completo desconocido para ella.
Tras una pausa, le dijo:
—Sería mejor que me trataras como antes.
Para ella, no había ninguna necesidad de cambiar la dinámica de su relación a esas alturas.
Fabián, sin embargo, frunció el ceño. Enarcó una ceja y preguntó:
—¿Acaso no te gusta que sea un poco más cálido contigo?
Belén lo rechazó de manera tajante.
—No.
La luz en los ojos de Fabián se atenuó. No insistió más, pero al ver los labios rosados de Belén, sintió un impulso irrefrenable de besarla.
Y su cuerpo reaccionó a ese pensamiento.
Fabián se inclinó ligeramente, a punto de unir sus labios con los de ella.
Belén, adivinando sus intenciones, habló en el momento justo:
—Si no vamos pronto al hospital, Cecilia se pondrá a llorar, ¿no crees?

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....