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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 543

Fabián no se enderezó. Siguió inclinado, con la mirada fija en Belén. Al ver su nerviosismo disimulado, le preguntó con un toque de diversión:

—¿Qué pasa? ¿Me tienes miedo?

En todos esos años, Fabián nunca había visto miedo en los ojos de Belén.

Pero esa noche, lo vio.

Por un momento, se sintió como si estuviera frente a una extraña, una sensación que lo descolocó.

Había conocido a demasiadas mujeres, todas llenas de halagos, complacencia y adulación hacia él.

Incluso la Belén de antes siempre se había mostrado sumisa.

Al oír la pregunta de Fabián, Belén giró lentamente el rostro y lo miró directamente a los ojos.

Con una calma absoluta, le dijo:

—Fabián, no te tengo miedo. Simplemente creo que esto entre nosotros ya no es necesario.

Al escucharla, Fabián entrecerró los ojos y preguntó con curiosidad:

—¿Por qué?

Belén lo miró, sintiendo que se había convertido en un completo desconocido para ella.

Tras una pausa, le dijo:

—Sería mejor que me trataras como antes.

Para ella, no había ninguna necesidad de cambiar la dinámica de su relación a esas alturas.

Fabián, sin embargo, frunció el ceño. Enarcó una ceja y preguntó:

—¿Acaso no te gusta que sea un poco más cálido contigo?

Belén lo rechazó de manera tajante.

—No.

La luz en los ojos de Fabián se atenuó. No insistió más, pero al ver los labios rosados de Belén, sintió un impulso irrefrenable de besarla.

Y su cuerpo reaccionó a ese pensamiento.

Fabián se inclinó ligeramente, a punto de unir sus labios con los de ella.

Belén, adivinando sus intenciones, habló en el momento justo:

—Si no vamos pronto al hospital, Cecilia se pondrá a llorar, ¿no crees?

—¿A cuántos hombres has conocido para atreverte a decir algo así?

Belén se dio cuenta de que había hablado de más y que su comentario podría haber ofendido a Fabián.

Pero, por suerte, él no pareció enojarse.

Para no empeorar las cosas, decidió no decir nada más.

Al ver que ella no respondía, Fabián finalmente se enderezó por completo, cerró la puerta del copiloto y se sentó al volante.

Justo cuando el carro se alejaba, la luz de un farol alargó la sombra de una figura que se acercaba: era Tobías, que había regresado.

Aunque estaba enojado con Belén, después de pensarlo mejor, temió que Fabián pudiera hacerle algo y decidió volver.

Pero al llegar, lo único que vio fue la escena íntima de Fabián inclinado sobre Belén en el asiento del copiloto.

Belén no lo había rechazado, no se había enojado, no se había quejado…

Al presenciarlo, Tobías se llenó de rabia. Tanto, que se dio una bofetada a sí mismo.

Como si eso no fuera suficiente para desahogarse, se insultó en voz alta:

—Tobías, ¡eres un idiota!

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