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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 544

Después de insultarse, en lugar de sentirse mejor, la frustración creció. En ese momento, todo le molestaba, todo le parecía irritante.

Incluso a un gato que pasaba por ahí, no pudo evitar gritarle:

—¿Qué miras? ¡Lárgate a tu casa!

El gato salió corriendo despavorido.

Tobías regresó a su carro y, tras cerrar la puerta de un portazo, se quedó sentado, consumido por su enojo.

En ese momento, su celular sonó. Era una notificación de WhatsApp.

Tobías lo tomó rápidamente y, como esperaba, era un mensaje de Belén.

En el instante en que vio su nombre, toda la negatividad que lo envolvía se disipó como por arte de magia.

Sin embargo, al leer el contenido del mensaje, el buen humor se le esfumó tan rápido como llegó.

Belén le había escrito: [Avísale a Alejandra de mi parte que tuve que irme a casa por un asunto. Mañana pasaré a verla.]

En todo el mensaje, no había ni una sola palabra para él, ni una muestra de preocupación.

Tobías no respondió. En su lugar, abrió el perfil de Belén y seleccionó la opción de eliminar contacto.

Por un segundo, la rabia fue tan intensa que realmente quiso borrarla.

Pero al final, no pudo hacerlo. No se atrevió.

«¿Y si la elimino y luego no vuelve a aceptarme?», pensó.

Ojos que no ven, corazón que no siente. Tobías bloqueó el celular y lo arrojó al asiento del copiloto.

***

Mientras tanto, Fabián conducía, y Belén aprovechó para enviarle un mensaje a Tobías.

Después de enviarlo, esperó su respuesta.

Pero pasaban los minutos y no llegaba nada.

En ese momento, una punzada de preocupación la invadió.

«Debe estar enojado conmigo», pensó.

Estaba a punto de escribirle una explicación cuando el carro se detuvo en un semáforo en rojo.

En cuanto el vehículo se detuvo, Fabián se giró para mirarla. Al verla pensativa, bajó la vista hacia su celular.

—¿Y por qué debería decírtelo?

Belén lo miró fijamente, con una sarta de insultos a punto de salir de su boca.

Pero se contuvo.

Tragó saliva y se guardó las palabras.

Después de eso, no volvió a preguntar.

Al ver su silencio, Fabián suavizó el tono y le dijo:

—Si quieres saberlo, tengo una condición.

Al ver que finalmente cedía, Belén respondió:

—Dime. Si está en mis manos, lo haré.

Fabián mantenía una mano en el volante y la otra apoyada en la ventanilla. Se giró para mirarla y, con una leve sonrisa, dijo:

—Ven a casa conmigo.

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