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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 552

Finalmente, se detuvo, agotada. Miró los ojos de Tobías con pánico y le suplicó con todas sus fuerzas:

—Tobías, no, no puedes.

Él frunció ligeramente el ceño y le dijo con una tristeza palpable:

—¿Y vas a dejar que sufra así?

Asustada, Belén le preguntó en voz alta:

—Entonces, dime, ¿qué quieres que haga?

Tobías bajó la cabeza y hundió el rostro en el hueco de su hombro.

No descargó ni un gramo de su peso sobre ella y le susurró:

—Quiero dormir a tu lado.

Al oírlo, Belén abrió los ojos como platos y preguntó, nerviosa:

—¿Solo… solo eso?

Tobías levantó la cabeza y la miró fijamente a los ojos.

—¿Y qué más? ¿En qué estabas pensando? —preguntó con un tono burlón.

Las mejillas de Belén se tiñeron de un rojo intenso. Apartó la cara y dijo, alterada:

—Yo… no estaba pensando en nada.

—Pero te pusiste roja —afirmó Tobías con seguridad—. Definitivamente estabas pensando de más.

—No es cierto, no pensé de más —se defendió ella.

Al verla así, Tobías esbozó una leve sonrisa. Se acostó a su lado y, con su largo brazo, la rodeó con una facilidad pasmosa.

Belén se encontró de pronto en sus brazos, sin siquiera haber tenido tiempo de reaccionar, cuando la voz de Tobías resonó junto a su oído con una risa suave:

—Nena, sé en lo que estás pensando. Pero no te preocupes, jamás me atrevería a hacer nada que no quieras, no sin tu permiso.

Al oírlo, Belén soltó un suspiro de alivio e intentó apartarlo.

—Entonces, suéltame.

Pero él, en lugar de soltarla, la abrazó con más fuerza.

—Tú duérmete. Conmigo aquí, podrás descansar tranquila.

Tras escuchar sus palabras, Belén dejó de resistirse y de intentar alejarlo.

Se dejó abrazar por él. Sin embargo, una vez que la calma regresó, las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos.

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