Llegaron al kínder de Rosario justo a las ocho y veintiocho.
No era tarde, pero Rosario estaba tan preocupada que, en cuanto entró, se echó a correr para no llegar con retraso.
Al verla correr, Belén esbozó una leve sonrisa.
Varias niñas se unieron a Rosario en su carrera, rodeándola. Parecía que todas la querían mucho.
En cambio, Belén nunca había visto a ningún niño congeniar así con Cecilia.
No pudo evitar pensar en la actitud arrogante y prepotente de su hija; seguramente a muchos en la escuela no les caía bien.
Una vez que Rosario entró a su salón, Belén se dio la vuelta y paró un taxi en la calle.
De regreso a la mansión Soler, Belén asumió que Fabián y Cecilia ya se habrían ido.
Pero, para su sorpresa, al entrar al recibidor, los vio sentados en el sofá.
Al verla llegar, Fabián incluso se giró para mirarla y asintió levemente a modo de saludo.
Belén, desconcertada, se acercó a él y le preguntó sin rodeos:
—¿Por qué no te has ido?
Fabián levantó la vista y le explicó:
—Te estábamos esperando.
Entre el trayecto de ida y vuelta al kínder, ya eran casi las nueve.
Las palabras de Fabián la desconcertaron por un momento, pero enseguida le respondió con frialdad:
—Haz lo que quieras. Yo ya te dije lo que pensaba.
Dicho esto, se dispuso a subir al segundo piso.
Cecilia se había quedado dormida en el sofá, cubierta con una manta.
Al ver que Belén se iba, Fabián la detuvo.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....